Muchas personas se arrepienten de no haber apoyado a Nevenka Fernández, lo que demuestra que la sociedad ponferradina también ha evolucionado

Imagen creada con Dall-e. Representación del coraje de Nevenka y el reconocimiento de su pueblo.

Esta semana he asistido a una obra de teatro sobre Nevenka Fernández, una mujer que ganó un juicio por el acoso sexual que sufrió por parte de un político.

La compañía, Histrión Teatro, se centró en la pesadilla que vivió Nevenka cuando su vida se cruzó con la del alcalde de su municipio (Ponferrada) a finales de los años 90. El punto de inflexión de esta historia se sitúa en el momento que ella aceptó ser concejala de su Ayuntamiento: para nada imaginaba lo que se le vendría encima con ese caramelo envenenado.

Muchas personas ya saben del conocido Caso Nevenka, que vino a destapar una situación de acoso sexual bastante grave por parte del entonces Alcalde de Ponferrada (1995-2002). Este caso tuvo un impacto significativo en la sociedad española, ya que puso de manifiesto la importancia de abordar de manera efectiva el acoso sexual que sufren las mujeres en el entorno laboral y político, y Nevenka fue una de las primeras mujeres capaces de plantar cara a su agresor, un hombre con fama y reconocimiento social, por razón de su poder y su cargo, obviando todas las señales que, sin mucho esfuerzo, habrían permitido percatarse de sus nocivas conductas hacia las féminas: cosas.

La valentía de Nevenka Fernández fue exponencial, al denunciar públicamente el acoso del que fue víctima, a pesar de las duras críticas y el escrutinio al que se vio sometida por parte de sus propios vecinos y vecinas de toda la vida: Ponferrada la condenó, incluso cuando la verdad judicial se impuso.

Hoy día, muchas de esas personas que la criticaron se arrepienten:

«Tendríamos que haberla apoyado, pero en ese momento las cosas se veían de otra manera» (dice una vecina en el video titulado: «Ismael Álvarez no se arrepiente del caso Nevenka: «Yo no me tengo que arrepentir de nada» (Castilla y León Noticias, 8 de abril de 2021).

¿Y qué ha cambiado, el hecho delictivo sufrido por Nevenka, o la forma de observar el acoso sexual por la sociedad?

Su historia de superación ha permitido reconocer otras muchas situaciones de acoso sexual silenciadas, pues ha servido como catalizador de un gran debate social sobre la cosificación y para generar conciencia sobre el acoso sexual, un tema siempre delicado.

La repercusión mediática del caso trabajó en favor de la visibilización y lucha contra toda forma de violencia contra las mujeres, por el sólo hecho de serlo, generando cambios en la percepción social de estos hechos, y en las normativas legales para proteger a las víctimas.

Este hecho, ya histórico (han pasado más de dos decadas, demostró la importancia de dar voz a aquellas personas que sufren situaciones de abuso, y marcó un hito en la lucha por la igualdad y el respeto de la mujer -trabajadora en este caso- en la sociedad española.

Al observar detenidamente la representación teatral, pude distinguir con claridad los aspectos culturales que perpetúan la opresión hacia las mujeres, por parte de hombres abusivos. Estas representaciones reflejan características estereotipadas que, desafortunadamente, persisten en nuestra sociedad. Se espera que las mujeres sean siempre bellas, dulces, vulnerables, indefensas, dependientes, que soporten la cosificación y miren hacia otro lado, manteniéndose calladas o mostrando timidez. Estos patrones culturales limitan la libertad y autonomía de las mujeres, prolongando desigualdades de género, que deben ser cuestionadas y transformadas, por ejemplo a través del arte como hace Histrión. A través de la educación y el activismo social.

Gracias Nevenka, menuda lucha la tuya, y menudo ejemplo para tantas y tantas mujeres. Ahí queda tu semilla para mejorar la sociedad. Y te lo digo porque ahora es más fácil denunciar estas situaciones, buscar apoyos, porque otras habéis abierto el camino.

Es cierto que el coraje y la determinación de personas como Nevenka Fernández han removido obstáculos para conseguir un mayor empoderamiento y visibilidad de la lucha contra situaciones de acoso y discriminación. Su valentía ha servido como un faro de esperanza e inspiración para innumerables mujeres que enfrentan desafíos similares en la sociedad actual. El impacto de sus acciones no se limita al momento presente, sino que perdurará como un legado significativo, generando un cambio positivo en la mentalidad y las estructuras sociales: por ella y por todas.

Las mujeres que alzan su voz, ya sea en medios de comunicación, o en las redes sociales, contribuyen a construir una comunidad consciente, y capaz de proporcionar apoyo y expresar solidaridad.

Mujeres como Nevenka ya no están solas en su lucha.

Este sentido de solidaridad, combinado con los avances legislativos, ha allanado el camino para que las víctimas denuncien abusos y busquen la justicia que merecen. Este progreso es crucial para la construcción de una sociedad inclusiva y justa, en el que todas las personas sean tratadas con dignidad y respeto, independientemente de su género.

Nevenka Fernández, junto con otras mujeres valientes que han «puesto pie en pared» contra el agresor, han puesto la primera piedra al de la cambio de la sociedad, un cambio que tiene el potencial de transformar actitudes y comportamientos delictivos y absolutamente deleznables.

Nota final de la autora:

La imagen que simboliza el empoderamiento y la superación personal, inspirada en la figura de Nevenka Fernández. Representa a su vez la fortaleza y la resiliencia, mirando hacia un futuro simbolizado por el horizonte. Los colores del amanecer en el fondo representan nuevos comienzos y esperanza, y los símbolos sutiles alrededor, como la balanza de la justicia y un roble, reflejan su viaje de superar la adversidad y defenderse a sí misma.

Inmaculada Asensio Fernández.

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