¿Se puede ingresar a una persona mayor en situación de dependencia en una residencia sin su consentimiento?

La autonomía es un valor que está muy cerca de lo que conocemos como felicidad, en el sentido que otorga a las personas la capacidad de realizar actos, peticiones, declaraciones y tomar decisiones sobre los asuntos que les interesan.

Llegar a la etapa de la vejez y encontrarse en una situación de dependencia no debería implicar que las personas que atraviesan ese momento evolutivo tengan que renunciar a su capacidad para tomar decisiones respecto a su proyecto de vida. Sin embargo, con frecuencia es la familia directa de estas personas la que se alza como portavoz de sus intereses y deseos, dejando a un lado el respeto a su autodeterminación.

Hay personas que consideran que pueden solicitar y autorizar el ingreso en residencia de un familiar directo, como por ejemplo de sus padres, y no comprenden que desde los servicios sociales les recuerden que sólo con el consentimiento expreso de la persona que va a ingresar se puede proceder al ingreso.

La Ley 6/1999, de 7 de julio, de atención y protección a las personas mayores aborda el tema de los ingresos en centros residenciales, y lo hace de la siguiente forma:

“Ninguna persona mayor podrá ser ingresada en un centro sin que conste fehacientemente su consentimiento. En los casos de incapacidad presunta o declarada en los que no sea posible tal consentimiento, se requerirá autorización judicial para el ingreso” (art. 45.1).

Y continúa esa Ley 6/1999 señalando que:

“Ninguna persona mayor podrá ser obligada contra su voluntad a permanecer en un centro residencial, salvo en los supuestos en que medie resolución judicial” (art. 45.3).

Luego bien, hay situaciones que están perfectamente recogidas en la legislación para personas que tienen limitada judicialmente su capacidad de obrar, o personas sobre las que se tenga conocimiento de la existencia de una posible causa de incapacitación, para lo cual se deberá poner en conocimiento del Ministerio Fiscal (art. 757 Ley Enjuiciamiento Civil).

También está previsto en la legislación el internamiento no voluntario de una persona en un centro residencial por razón de trastorno psíquico, partiendo del conocimiento de que no está en condiciones de decidirlo por sí misma en ese momento, pero requerirá autorización judicial previa al internamiento, “salvo que por razones de urgencia hicieren necesaria la inmediata adopción de la medida”, es decir, se la tuviera que ingresar -si o si- en un centro residencial sin tener aún la autorización. En este caso el responsable del centro residencial deberá dar cuenta del internamiento al tribunal competente lo antes posible (dentro del plazo de 24 horas), a los efectos de que se proceda a la preceptiva ratificación de dicha medida, que deberá efectuarse en el plazo máximo de 72 horas desde que el internamiento llegue a conocimiento del tribunal (art. 763 Ley Enjuiciamiento Civil).

Parece que la Ley de Enjuiciamiento Civil lo deja claro, sin embargo, aún encontramos situaciones en el ámbito profesional en las que los familiares de una persona con grado de dependencia reconocido, solicitan plaza residencial para este familiar sin siquiera haberlo consultado con aquel o aquella.

Por mi parte, también sigo detectando en mi trabajo informes sociales que promueven el ingreso residencial para una persona mayor, sin haber recabado la opinión de la persona interesada sobre esta propuesta de ingreso en residencia. Estos informes se basan en las declaraciones expresadas por los hijos e hijas, y el o la profesional las recoge y expresa en su informe, solicitando residencia, por entender que la persona necesita cuidados residenciales y -si sus hijos no se los van a proporcionar en su entorno- deberá ingresar quiera o no quiera en una residencia. Esto no sería una buena praxis, y siempre son denegados desde la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia de Andalucía en la aplicación informática diseñada al efecto, NETGEFYS, informando que no se puede proceder a la validación de su propuesta (PIA), si la persona interesada no desea el ingreso, salvo en los casos de incapacitación o auto judicial de internamiento involuntario.

De hecho, según la citada La Ley 6/1999, de 7 de julio, de atención y protección a las personas, “los servicios de inspección velarán por el cumplimiento de lo dispuesto en los apartados anteriores e, igualmente, podrán solicitar del interesado o interesada que ratifique la voluntariedad de su estancia en residencia, mediante entrevista personal mantenida sin la presencia de familiares ni de representantes del centro” (art. 45.4).

Si la persona no desea ingresar en una residencia y está en plena posesión de sus facultades, lo adecuado es iniciar un proyecto de intervención en el propio entorno, con la ayuda de recursos formales e informales; pero sobre todo haciendo partícipe a la persona de los riesgos que conlleva el mantenimiento en su domicilio, y de los recursos disponibles para hacer frente a su situación, para que pueda adoptar una decisión con fundamento y sobre la base del conocimiento; esto es, de la realidad “real”, y no de la realidad “percibida”…, a veces esas dos realidades no coinciden en los más mínimo.

Resumiendo, que la opinión de las personas es fundamental y no se puede suplir de ninguna de las maneras por persona no autorizada judicialmente, y este es un tema serio con el que no se puede jugar. Una institucionalización no consentida, y siendo la persona consciente, puede resultar enormemente lesiva y traumática. Es necesario promover, desde todas las instancias, la atención centrada en la persona…, siempre en la persona.

Inmaculada Asensio Fernández.

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¿Pueden ingresar en una misma residencia de mayores un padre o una madre y su hijo o hija?


La aplicación de la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia de España, más conocida como «ley de dependencia» pasa por la adjudicación de una serie de recursos que faciliten el apoyo y la atención – a ser posible orientada a la autonomía- de las personas en situación de dependencia y de su familia.

De entre las modalidades de intervención en materia de dependencia encontramos la atención residencial, que viene recogida en el art. 25 de la citada Ley, y dice:

Artículo 25. Servicio de Atención residencial.

  1. El servicio de atención residencial ofrece, desde un enfoque biopsicosocial, servicios continuados de carácter personal y sanitario.

  2. Este servicio se prestará en los centros residenciales habilitados al efecto según el tipo de dependencia, grado de la misma e intensidad de cuidados que precise la persona.

  3. La prestación de este servicio puede tener carácter permanente, cuando el centro residencial se convierta en la residencia habitual de la persona, o temporal, cuando se atiendan estancias temporales de convalecencia o durante vacaciones, fines de semana y enfermedades o periodos de descanso de los cuidadores no profesionales.

  4. El servicio de atención residencial será prestado por las Administraciones Públicas en centros propios y concertados.

Este recurso se utiliza en aquellos casos en los que una persona en situación de dependencia no puede ser atendida en su entorno de manera adecuada, bien por falta de red de apoyo familiar, por ineficacia en los cuidados, o por necesitar cuidados de carácter muy asistencial, que por lo general se prestan muy bien en una residencia, pues disponen de los medios técnicos y humanos necesarios.

Acceso a un mismo centro residencial de familiares.

La Agencia de Servicios Sociales y Dependencia de Andalucía permitía -hace años- el ingreso de personas mayores con alguno o alguna de sus hijos o hijas, estando debidamente motivado este ingreso conjunto en el informe social de referencia al Programa Individual de Atención; e incluso se permitía el ingreso de dos cónyuges juntos en residencia, aunque sólo uno de ellos tuviera reconocida la situación de dependencia, al objeto de no romper los lazos afectivos y de convivencia.

Esto se permitía en virtud de la siguiente disposición adicional primera recogida en el Decreto 388/2010, de 19 de octubre, por el que se regula el régimen de acceso y traslado de personas en situación de dependencia a plazas de centros residenciales y centros de día y de noche:

Disposición adicional primera. Acceso a un mismo centro residencial de familiares.

1. Con el fin de mantener los vínculos afectivos y de convivencia existentes se posibilitará el ingreso, simultáneo o sucesivo, en un mismo centro residencial de personas en situación de dependencia que, teniendo prescrito en el Programa Individual de Atención el servicio de atención residencial, así lo soliciten y sean cónyuges o pareja de hecho, o familiares entre los que exista relación de parentesco por consanguinidad hasta el segundo grado, siempre que concurran los siguientes requisitos:

a) Que exista plaza vacante en el mismo centro.

b) Que las modalidades específicas de intervención previstas en el Programa Individual de Atención en razón de su situación lo hagan posible.

c) Que se prevea favorablemente dicha posibilidad en el Programa Individual de Atención en atención a las circunstancias concurrentes.

2. Asimismo, se procurará el ingreso simultáneo o sucesivo en un mismo centro residencial de personas mayores entre las que exista alguna de las relaciones previstas en el apartado anterior y con el mismo fin de mantener los vínculos afectivos y de convivencia existentes, cuando sólo una de ellas haya sido reconocida en situación de dependencia y se le haya prescrito en el Programa Individual de Atención el ingreso en centro residencial, siempre que así lo soliciten y concurran los siguientes requisitos:

a) Que existan plazas vacantes en un mismo centro residencial que por su tipología permita el ingreso de personas reconocidas en situación de dependencia y personas que no lo sean.

b) Que se prevea favorablemente dicha posibilidad en el Programa Individual de Atención de la persona en situación de dependencia en razón a las circunstancias concurrentes. A estos efectos, en la propuesta deberá constar informe sobre la necesidad de mantener los vínculos afectivos y de convivencia.

3. El cónyuge, pareja de hecho o familiar que no se encuentre en situación de dependencia y acceda a una plaza en centro residencial, de conformidad con lo previsto en el apartado 2 de la presente disposición, participará en el coste de dicha plaza con el noventa por ciento de su capacidad económica, determinada en la forma prevista para las personas en situación de dependencia, salvo que tal porcentaje supere el coste de la plaza, en cuyo caso el importe de la participación será dicho coste. No obstante, se garantizará una cantidad mínima para gastos personales que no podrá ser inferior al 20% del IPREM.

En 2012 llegan los recortes en materia de dependencia, lo que bloquea el acceso a residencia de personas sin situación de dependencia reconocida, independientemente de los lazos de afecto y de convivencia.

Sin embargo, aproximadamente a partir de julio de 2012, coincidiendo con la aplicación de medidas de recorte presupuestario también en materia de servicios sociales y dependencia, se dejó de contemplar este tipo de ingresos padre/madre – hijo/hija, y entre cónyuges. A partir de esa fecha se pasó a resolver residencia sólo para las personas en situación de dependencia, siguiendo los criterios de prioridad que establece la Ley de Dependencia:

Artículo 14. Prestaciones de atención a la dependencia.

6. La prioridad en el acceso a los servicios vendrá determinada por el grado de dependencia y, a igual grado, por la capacidad económica del solicitante. Hasta que la red de servicios esté totalmente implantada, las personas en situación de dependencia que no puedan acceder a los servicios por aplicación del régimen de prioridad señalado, tendrán derecho a la prestación económica vinculada al servicio prevista en el artículo 17 de esta ley.

Por tanto, la precariedad económica ha modelado las posibilidades o esquemas de intervención profesional, ya que aunque sea muy necesario ingresar a una persona con sus familiares, prima en primer lugar el grado del acompañante (cuanto más grado más posibilidades), y lógicamente la situación económica. En principio estos requisitos favorecen un reparto de los recursos basado en la justicia social: ingresa antes quién más lo necesita.

Pero hay situaciones de personas, por ejemplo con grado II por discapacidad psíquica, física o intelectual, que no se sienten preparados emocionalmente para romper lazos de convivencia con su madre o su padre, y no pueden ingresar con ellos precisamente porque no tienen la edad mínima aconsejada para ingresar en residencia de mayores (65 años), y porque no presentan un grado III de dependencia.

Este tema da para mucho debate. Comparte si quieres tu opinión al respecto más abajo.

Inmaculada Asensio Fernández.

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Necesito leer diagnósticos sociales bien estructurados y completos para hacer bien mi trabajo en la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia de Andalucía

Imagen tomada de:https://ar.pinterest.com/pin/376472850086275746/# Ilustración de Daniela-Dahf4

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Llevo 12 años leyendo informes sociales y propuestas individuales de atención elaboradas por mis compañeras y mis compañeros de los servicios sociales comunitarios (Ayto. de Almería y Diputación Provincial de Almería). En mi trabajo desde la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia, uno de los aspectos más importantes es dilucidar claramente cómo es la situación actual de la persona en situación de dependencia, en cuanto a calidad de vida y cuidados, o respecto a situaciones de riesgo o de vulnerabilidad –por la atomización de diferentes problemas en una misma situación (económicos, de salud, de relaciones personales o apoyos, de déficits de cuidados, etc.) a las que está expuesta en su día a día.

Quiero decir con el párrafo anterior, que mi punto de referencia para averiguar cómo es la situación de vida de la persona en situación de dependencia es a través del informe social –y sobre todo el diagnóstico- elaborado por los servicios sociales comunitarios. El diagnóstico es el que me ofrece una visión panorámica de la situación, deteniéndose en los ángulos en los que se considera necesario destacar información relevante para comprender cómo es la calidad o no de vida de la persona.

Dentro de todo ese universo de material escrito, puedo afirmar que existen enormes diferencias de estilo entre profesionales, pues hay quién describe la situación social de la persona y familia de manera juiciosa y detallada, y hay quiénes redactan diagnósticos sociales tipo “telegrama”, de manera que gran parte de la información la tienes que inferir tú como lectora. Esto podría generar errores de interpretación, por ejemplo, de la urgencia de adoptar una medida urgente de protección.

Te pongo un ejemplo: no basta con decir que la resolución de este expte., es muy urgente, y debe saltarse el orden de prelación respecto a los demás, sino que hay que explicar bien los motivos de esa urgencia, para que la concesión de esa plaza residencial urgente esté justificada y se pueda actuar desde el valor de la justicia en todo momento. Estas explicaciones pueden ocupar más de dos o tres renglones e implica dar motivos de por qué la familia no apoya, qué sucede, cuál es la naturaleza del conflicto familiar.

También hay grandes diferencias a la hora de organizar los contenidos del diagnóstico social. Por ejemplo:

  • Hay personas que se afanan en seguir un orden secuencia de hechos (datos básicos, antecedentes, unidad de convivencia y cuidadores-as, situación de la vivienda, calidad de los apoyos dispensados, propuesta y recurso prescrito…).
  • Hay personas que cuentan hechos sin ningún orden, yendo del pasado al presente, hablan de hijos o de otros familiares a los que no identifica y sobre lo que apenas aporta información sobre si apoyan o no apoyan, o si hay conflictos o la naturaleza de ellos… En estos casos tienes que leer el diagnóstico social varias veces para que tu mente vaya dando un orden a toda esa información, pero generalmente hay aspectos que se consideran importantes y sobre los que no existe aclaración (por ej., la señora no está bien atendida del todo). En ese “del todo” cabe una gota o cabe un océano, dependiendo del criterio del que escribe y del que lee. Es ambiguo y desaconsejable. *Nota: en este tipo de diagnósticos rara vez encuentras signos de puntuación… de manera que toca leer -de seguido- párrafos interminables.
  • Luego hay quién elabora un diagnóstico social copiando literalmente la información del anterior, y añadiendo algún párrafo nuevo al final del informe. Esto es, como los informes sociales se redactan en una aplicación informática -denominada Netgefys- que deja guardado el texto escrito en el último informe social que redactó el trabajador o trabajadora social que se encargó del caso (puede ser la misma persona que lo está elaborando en el presente), sin pensarlo dos veces deja exactamente la misma información que había en el pasado –quizá hace ya 8 años, 5, o 3, o 1- y sólo introduce un breve párrafo final en el que -de manera atropellada- justifica la necesidad de un cambio de recurso para la persona en situación de dependencia (…).

De entre estos tres supuestos descritos, yo me quedo con el primero. Es muy útil para quién no realiza esa visita a domicilio y no conoce a la persona y familia, leer un informe completo y bien organizado, ya que te ayuda a comprender los hechos y a llegar a la conclusión diagnóstica de la profesional que ha elaborado el documento. Incluso hay ocasiones en las que parece que estás visitando esa unidad de convivencia tú misma de lo bien descrita que está la realidad social.

Para finalizar, voy a compartir cómo se podrían estructurar –desde mi punto de vista- los contenidos del DIAGNÓSTICO SOCIAL, sin demasiado artificio, sólo para asegurar que se dispone la información básica y precisa para poder realizar una correcta valoración del caso:

DIAGNÓSTICO SOCIAL BÁSICO EN DEPENDENCIA

1º PRESENTAR A LA PERSONA (Primer párrafo)

  • Nombre
  • Edad
  • El estado civil o pareja de hecho, e hijos *(puede proporcionar información importante y anticipada sobre la red de apoyo con la que cuenta, aunque ese aspecto se desarrolla en el siguiente apartado).
  • Grado de Dependencia
  • Patologías principales *(nos ayudará a comprender la naturaleza de los cuidados que puede precisar)

2º PRESENTAR LA UNIDAD DE CONVIVENCIA (Segundo párrafo)

  • Dónde vive y con quién *(el estado de la vivienda es muy importante para la calidad de vida, y también si está adaptada a las necesidades de la persona).
  • Si es propiedad o alquilada *(esta información puede ser importante en los casos en los que la persona pague una hipoteca desmesurada que la haga rozar la pobreza, o para dar cuenta de las dificultades que tiene una persona para hacer frente a un alquiler con una pensión no contributiva de 360 euros al mes, por ejemplo).
  • Las personas que conviven con la interesada, quiénes son y cómo se organizan para garantizar la buena convivencia y la provisión de cuidados.
  • Señalar si hay apoyos formales (personas contratadas, servicio de comidas a domicilio, etc). Toda la información que surja durante la entrevista y que pueda dar fe de la calidad de los cuidados, o todo lo contrario, de la negligencia en los mismos.

3º RESPECTO A LA PERSONA/s CUIDADORA/s (Tercer párrafo)

  • Parentesco *(si no lo hemos dicho ya, que imagino que sí).
  • Situación personal (estado civil e hijos, otros lo llaman ‘cargas familiares’), si puede afectar a la capacidad para prestar los cuidados.
  • Si desempeña actividad laboral o no, o tiene otros compromisos que puedan afectar a los cuidados (quizá cuida a varias personas en situación de dependencia), lo que puede repercutir en la situación actual.
  • Describir cómo es la calidad de los cuidados, cómo se organiza.
  • Describir la relación entre persona cuidadora y persona en situación de dependencia *(deteniéndose en las situaciones de conflicto que estén relacionadas con las dificultades que atraviesa la interesada y que aconsejan la adopción de tal o cual medida, o del recurso a prescribir).
  • Problemas de salud de la persona cuidadora y situaciones de sobrecarga, si las hay. Ambas cosas podrían afectar a la calidad de los cuidados o la calidad de la relación personal entre dependiente y cuidadora.

4º RESPECTO A LOS CUIDADOS (Cuarto párrafo)

  • Tipo de cuidados que necesita y que se prestan.
  • Calidad de esos cuidados.
  • Tiempo de dedicación (parcial, media o completa) e incluso si se considera necesario aclarar los horarios.

5º SÍNTESIS Y PROPUESTA (Quinto párrafo)

  • Sintetizar en un párrafo final cómo es la situación de la persona (adecuada, no adecuada, mejorable, etc.,) y qué necesitaría para cambiarla o mejorarla.
  • En los casos de propuestas de recurso para personas con Trastorno Mental Grave, en Almería exigimos que el recurso a prescribir esté consensuado entre trabajador o trabajadora social de los servicios sociales comunitarios y la del Equipo de Salud Mental de referencia en la unidad de salud mental comunitaria.

6º PRESCRIPCIÓN DE RECURSO (Sexto párrafo)

  • Finalmente se especificaría el recurso idóneo para la situación de la persona, de entre los que recoge el catálogo de la conocida comúnmente como Ley de Dependencia (art. 15 ), y en caso de prescribir un recurso residencial se deberá especificar la voluntariedad de la persona respecto a este ingreso (si no se ha especificado antes) y el tlf. del familiar de contacto para gestionar el ingreso (esto último para casos de residencia de mayores).

Inmaculada Asensio Fernández.

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Siempre intentando colocarte en el papel de hija y sólo has conseguido estar en el de víctima

Trabajo en la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia de Andalucía desde el 6 de febrero de 2008 (casi 12 años) y he realizado multitud de visitas domiciliarias por motivos de trabajo. Me he entrevistado con personas en situación de dependencia y personas cuidadoras (en su mayoría mujeres), más en ocasiones he escuchado relatos verdaderamente dolorosos sobre familias en conflicto, desestructuradas y mal avenidas.

Hay personas en situación de dependencia que no están bien cuidadas y no se quejan, soportan su situación en silencio como si de una condena se tratara… y ahí es donde intervenimos los y las profesionales de los servicios sociales.

Sin embargo, también hay personas que reciben unos cuidados exquisitos que se evidencian en atenciones y aprecios de todo tipo -incluso excesivas- pero que debido a una compleja y extraña especie de maldición (…) son incapaces de agradecer o dar muestras de valoración a quiénes se desviven por ellos o ellas, por lo general sus hijas e hijos, y pasan todo el tiempo exigiendo más y más atención, recurriendo al chantaje emocional para ganar más espacio en la vida de las personas que están entregadas a sus cuidados, sin valorar en lo más mínimo sus esfuerzos y dedicación.

En esta entrada de blog me voy a referir exclusivamente a las personas que se desviven por cuidar a estos familiares y que no reciben el más mínimo reconocimiento por ello.

El sabio refranero popular reza -y lo expreso con total literalidad y previa disculpa por lo malsonante que pueda parecer, que “cuanto más te agachas más se te ve el culo” Este refrán viene a significar que cuanto más buena es una persona y más concesiones hace hacia los demás, más se aprovecharán de ella.

Un perfil típico que encuentro en mis visitas:

Mujer joven o de mediana edad -cuyos padres son mayores- y que se encarga de las labores de cuidado de uno de ellos o de ambos. Desde muy joven siempre ha tenido muchas responsabilidades y pocas situaciones de reconocimiento a su esfuerzo; sus padres han estado más pendientes de sus propias preocupaciones y avatares de vida que de las necesidades y deseos de su hija. Ella ha crecido con carencias emocionales importantes, y ha llegado a la edad adulta con la sensación de que tiene la obligación moral de hacerse cargo de su familia. Sin darse cuenta se coloca a ella en un último lugar, ya que su propio proyecto de vida no es más que una sombra al lado de todas estas obligaciones que siendo adulta se auto-impone y de las que no sabe escapar, por más amargura que sienta. Sí, se considera buena persona y entregada a los demás, pero no está satisfecha con su vida y tampoco logra la valoración que espera de sus progenitores, lo que la lleva a realizar un sinfín de esfuerzos que la terminan enfermando. En los casos más graves, su pareja o marido termina abandonando emocionalmente esa relación… y permanecen unidos o separados… pero a la deriva.

     Siempre intentando colocarte en el papel de hija  y sólo has conseguido estar en el de víctima.

Juan Ramón Molina Gil.

Ella cree que su vida es un callejón sin salida porque no conoce otra cosa y no se siente capaz de cambiar de rumbo, y todo esto… ¿por qué? Porque ella es buena y no sabe ser persona…, sólo sabe ser buena y buscar la aprobación de papá y mamá… y así hasta el infinito, porque estas dinámicas no las puede frenar nadie, salvo una misma.

¿Hasta cuando?

Está bien, todo podría haber sido de otro modo y podrías haber sido educada en la libertad y en el amor incondicional, pero no ha sucedido, por tanto te toca darte la vida que mereces y concederte todos esos permisos…, ¡la libertad!

Si tú cambias, todo cambia.

Dedicado a todas las mujeres cuidadoras que no saben cuidar de sí mismas, pero que son excelentes cuidadoras de los demás. Ellas desean el cambio y,  ¿quién sabe si no es este su año?

Inmaculada Asensio Fernández.

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Feliz Año 2020, community

Os deseo todo lo mejor para este nuevo libro de 365 páginas…,

y que la vida no deje de sorprendernos con experiencias hermosas.

FELIZ AÑO 2020

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Terapia de contrabando: ¡arriba las manos, esto es un atraco!

Keep calm and the _terapia de contrabando_ pá tu casa (2)

Como algunas personas saben, soy trabajadora social y desempeño mi profesión en la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia de Andalucía, desde hace 12 años. Previo a este trabajo, estuve casi un año en Servicios Sociales Comunitarios de la Diputación Provincial de Almería, además realicé alguna que otra sustitución en algún centro de salud y trabajé en el ámbito asociativo durante 5 años…, mi carrera profesional comenzó en el año 2003.

En todos estos años he trabajado con personas con necesidades (afectan a la supervivencia), con dificultades (relacionadas con encontrar estrategias de afrontamiento de determinadas situaciones), con problemas (situaciones que no parecen tener solución) y con conflictos (dos o más personas que presentan visiones divergentes ante una situación generadora de malestar), lo que en palabras de Cardona J. y Campos J.F, constituyen las cuatro grandes áreas de fuente de malestar psicosocial (2009).

Con el paso de los años he ido aprendiendo que la práctica del trabajo social de casos implica poner atención en la generación del contexto de intervención profesional. En este sentido, dejadme deciros que la relación de ayuda no se origina de manera espontánea, sino que hay elementos que propician el establecimiento de un vínculo adecuado para realizar un trabajo con una persona y una familia, permitiendo a quién recibe la ayuda poder ‘soltarse’ y ventilar sus preocupaciones e inquietudes íntimas, desde un clima de confianza.

El contexto se define por la RAE como el “conjunto de circunstancias que rodean una situación y sin las cuales dicha situación no se puede comprender correctamente”.

El contexto es muy importante, tanto en la comunicación, como para ejercer la relación de ayuda con unos criterios mínimos de dignidad, respeto y calidad. Si nos apresuramos demasiado en una intervención -sin haber generado un contexto adecuado- la relación puede quedar abocada a la improvisación, cuya consecuencia más directa puede ser que la persona se sienta invadida negativamente en su intimidad y en sus límites personales.

A través de esta entrada de blog quiero hablar de un concepto que he leído en un libro de terapia familiar sistémica, y que se llama TERAPIA DE CONTRABANDO. Cuando me he topado con el término, en seguida mi cabeza ha comenzado a generar imágenes de situaciones en las que yo misma he observado ese contrabando, al conversar con personas conocidas o amistades que han estudiado psicología, trabajo social, terapia Gestalt, o whatever (…), y en algún momento de la conversación han comenzado a psicoanalizar expresiones o comportamientos de alguna persona en el grupo y no se han cortado un pelo haciendo preguntas o comentarios que no vienen a cuento, totalmente invasivos y poco o nada respetuosos.

A ti lo que te pasa, es que como eres hijo único no sabes compartir… y seguro que tu padre o tu madre (bla, bla, bla…) y ahora te sientes de esta manera o de la otra”.

Hay veces en que la persona que recibe estos comentarios pone cara de póker y manda a la otra callar: ¡pero qué me estás contando, métete en tu vida! Pero en otras ocasiones, quién recibe estas supuestas devoluciones de desarrollo personal (…), se va a su casa jodido.

No se puede abordar a una persona, en medio de una conversación espontánea, en un bar, en la playa, en un encuentro de amigos y amigas… y comenzar a hacerle terapia por el simple hecho de que tienes esta o aquella formación.

Como bien señalan Concepción Nieto y Nuria Cordero, la terapia de contrabando se define como el intento de hacer terapia a toda costa, a cualquier precio y sin que el contexto esté definido claramente como terapéutico. Puede resultar tentador, en determinadas situaciones, lanzarse a poner en práctica esos conocimientos adquiridos, pues la seducción de querer influir en los demás es muy tentadora y la oportunidad de practicar muy sugerente. Y sin darnos cuenta, modificamos el contexto terapéutico, pudiendo causar más mal que bien (Nieto, C., Cordero, N., 2017: 305).

En estas semanas precisamente conversaba con una amiga sobre estas incómodas situaciones en las que alguien tiene la necesidad imperiosa de señalarte lo que te ocurre, tus problemas y dificultades…, en teoría para hacerte bien, para salvarte… y lo único que ha conseguido es molestarte o dañarte, desde un ejercicio de poder basado en unos supuestos conocimientos o intuiciones.

Muchas veces somos nosotras o nosotros quiénes pedimos el consejo de la otra persona, esperando una respuesta acorde al aprecio, sinceridad y el juicio o criterio particular de esta persona. Lógicamente, si dispone de formación y experiencia en temas terapéuticos, nos hablará desde ese lugar, lo cual nos puede reconfortar y ayudar en un momento dado…, o incluso nos puede confrontar con algún aspecto que no deseamos ver, pero siempre desde el respeto y con el objetivo de apoyarnos -en tanto amigos o amigas-.

Hay, pues, tres puntos clave en este tema:

  1. El contexto en el que se produce esa comunicación.
  2. Si la comunicación es horizontal (igual a igual) o se da cierta superioridad (desequilibrio de poder) en el trato.
  3. La demanda expresa de consejo u opinión por parte de la persona amiga, en una situación dada, en el marco de esa amistad.

Los amigos y las amigas no son nuestr@s terapeutas, aunque conversar con ellos desde una posición horizontal y mantener el contacto si es beneficioso para nuestra salud y estado de ánimo. 

Inmaculada Asensio Fernández.

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La deliberación ética se realiza sobre los hechos, no sobre las personas

Deliberamos para tomar decisiones prudentes y responsables, ya que los efectos de una decisión pueden generar situaciones negativas o desagradables… y la reflexión allana el camino para evitar errores (o errores mayores).

Profesionalmente, no deliberamos sobre personas o 'cosas', sino que deliberamos sobre hechos.jpg

Inmaculada Asensio Fernández.

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