Cuando la familia funciona, la sociedad funciona

En esta ocasión comparto una entrevista realizada para el diario almeriense “La Voz de Almería”, publicada el día de ayer. Ciertamente, tras una conversación distendida de hora y media, no se recoge todo lo hablado en cada una de las respuestas, pero es una síntesis clara de la entrevista. Sólo me queda dar las gracias al periodista Alberto Gutiérrez por su profesionalidad, sencillez y cercanía… y también por el café. 

Cuando la familia funciona la sociedad funciona7

Inmaculada Asensio Fernández.

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Llámame amiga cuando percibas que tu persona importa al mundo, a través de mis ojos

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Ilustración de Carolina Peralta. Web: http://cargocollective.com/caricarito/

Llámame amig@, si me deshago entre risas cuando compartimos anécdotas, fantasías y ‘disparates’ varios…

Si, amig@, llámame tal cual si mi interés por ‘tus cosas’ sigue latente,

si de vez en cuando te recuerdo y hago por verte… porque sólo de este modo puedes reconocerme, amig@.

Llámame amig@, si disfruto sentad@ a tu lado viendo una peli, o una puesta de sol.

Llámame amig@, si cuando una nube gris se posa sobre tu cabeza, yo acudo en tu busca para que no sientas tanto frío, ni te sientas tan sol@.

Por el contrario, no me llames amig@ si no estoy – o no me sientes- cerca,

no alabes mi amistad por ti si no permito que cuentes conmigo,

si no deseo tu compañía.

No me llames amig@ si te desprecio,

o rehúso a encontrarme contigo.

No me llames amig@ si cuando me necesitas, no estoy.

Pero llámame, llámame amig@ cuando al conversar conmigo, sientas cierto alivio,

cuando percibas que tu persona importa al mundo… a través de mis ojos y de mi cariño sincero.

Llámame, por favor, llámame amig@ cuando veas en mi la capacidad de reparar un error o un daño causado a tu persona o a otros; cuando verdaderamente sientas que nunca herirte fue mi intención.

Llámame, de verdad, amig@, cuando el interés, la intimidad, la risa y el cariño tengan un espacio en el lazo que une nuestras vidas, pues si nada de lo anterior reina entre nosotros… y aún así me llamas amig@, pensaré que no valoras ni respetas la amistad.

L@s amig@s están ahí, se muestran, tienen un interés sincero por tu persona, y cuando esto no sucede… no pueden ser considerados como amig@s; ya que tal consideración terminaría por hacernos daño, a nosotros y al  hermoso concepto de la amistad.

Si de verdad quieres que sea tu amiga o tu amigo…

          no derribes los puentes que conectan nuestras vidas,

          no huyas cuando yo no pueda, o tú no puedas ver el sol,

         no me hagas creer que todo vale y que una afrenta no tiene                  importancia para ti,

         no finjas sentir aprecio por mi persona, si no soy capaz de                     respetarte ni de apreciarte en mi vida.

Y, si aún así estamos lejos, más por tierra, que por el frío desinterés, no temas, pues cada vez que nos sentemos a la orilla de un café sentiremos que no ha pasado el tiempo, y que los años no han desdibujado nuestro afecto y nuestra decisión de seguir contando la una con la otra, el uno con el otro… y todos los posibles viceversas. Esto también es amistad.

Reza el refrán que quién tiene un amigo tiene un tesoro. Y añado yo que quién es capaz de conservarlo, además de un tesoro tiene un corazón lo suficientemente grande para albergar espacio para que el otro también quepa, incluso para que pueda recostarse cómodamente a nuestro lado.

Hoy brindo por la amistad verdadera, sin maquillajes ni ‘postureos’.

Inmaculada Asensio Fernández

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¿Quién ha entrado en el portal de Belén?

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Hoy es día 25 de diciembre. Feliz navidad son las dos palabras básicas para afrontar este día.

La navidad es una festividad que hunde sus raíces en tradiciones religiosas, pero que las trasciende, ya que hoy día se celebra más como un acto social y cultural, que como evento religioso.

Fechas como estas destacan el papel social de la familia, del amor y la paz entre todas ellas… Y sin embargo siguen siendo fiestas que despiertan muchos sentimientos de tristeza y desesperanza, en un buen número de personas… Unos porque no disfrutan reunidos con su familia (todas las familias felices se parecen, y las infelices la ‘arman’ el día de navidad); otras porque no tienen ocasión de reunirse (divorcios, muertes, separaciones  trágicas de toda índole, enemistades manifiestas y odios latentes…etc). O incluso otras familias porque se encuentran azotadas por problemas como la pobreza, la enfermedad y el desencanto por la vida… a las que lo que menos les anima es sentarse a escuchar -mucho menos cantar- villancicos tradicionales, envueltos en felicitaciones y declaraciones varias de paz, amor y felicidad.

El abordaje de la navidad, como fenómeno social de inabarcables consecuencias emocionales (dulces y tristes a partes iguales), merece ser puesto en entredicho, aunque sólo sea un poco, pues puede despertar tanto dicha como negatividad (sólo basta con echar un ojo a las redes sociales… y de todo encuentras).

Por mi parte, me niego a afirmar rotundamente que sólo la alegría entra en el Portal de Belén, o que sólo la hipocresía, el consumismo y la tristeza entran en el mismo sitio.  No depende de la ‘Navidad’ en sí, sino de tus circunstancias de cada año, y de cómo esa palabra ómnibus: NAVIDAD, encaja en tu vida ahora, el valor que le atribuyes a lo que culturalmente representa.

Las familias que son capaces de vivir y revivir todos esos sentimientos asociados a la navidad (paz, amor…) merecen todo mi respeto. Por tanto, para mi la cosa está en no denostar la navidad, aprender a apreciar lo positivo que proporciona a muchas familias (las reune, les infunde ilusión y les brinda un espacio para intercambiar afectos…); y también la cosa está en no darle un valor supremo que nos sitúe como pobres infelices si no logramos vivir ese sueño mágico de película norteamericana, de esas en las que aparece  un enorme Papá Noel dispuesto a ayudarte a cumplir  todos tus deseos. Todo en su justa medida.

Tanto aqui, como en el Portal de Belén, los pies en la tierra. Equilibrio, mesura y apertura. No tiene que ser ni tan bueno ni tan malo… sólo es una estación más en la trayectoria de la vida, con una parada al año…, ¿tiene que ser exactamente igual cada año?

Lo dicho, feliz navidad.

Inmaculada Asensio Fernández.

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Inmaculada Asensio es invitada a participar en la última reunión del Comité de Ética Asistencial de Almería – Centro

La reunión se ha celebrado el 13 de diciembre en las inmediaciones del Complejo Hospitalario de Torrecárdenas, y ha tenido una duración aproximada de 3 horas.

El objetivo prioritario de la sesión ha sido analizar un caso clínico relacionado con la capacidad de decidir de una persona que se encuentra en situación de especial vulnerabilidad, alrededor de la cual orbitan determinados condicionantes que podrían propiciar una situación de riesgo clínico y social.

Los Comités de Ëtica Asistencial (CEA) son especialmente útiles para asesorar a profesionales, así como a la ciudadanía, sobre cuestiones conflictivas que no parecen tener una solución fácil, y con un importante grado de incertidumbre sobre la respuesta que va a tener el alcance de la decisión a adoptar en la persona y en su familia.

Uno de los cometidos más claros que tiene un CEA está relacionado con analizar, asesorar y emitir informes no vinculantes respecto a las cuestiones éticas planteadas, relacionadas con la práctica clínica, que puedan generarse en su ámbito de su actuación y al objeto de facilitar decisiones clínicas a través de un proceso de deliberación altamente cualificado. Sin embargo, este no es su único cometido, sino que entre sus objetivos podemos encontrar:

  • Fomentar el respeto a la dignidad y la mayor protección de los derechos de las personas que intervienen en la relación clínica, mediante recomendaciones a pacientes, personas usuarias de los centros, profesionales de la sanidad, directivos de los centros sanitarios y responsables de las instituciones públicas y privadas.
  • Emitir informe respecto a los conflictos éticos derivados del derecho de una persona a decidir que no se le comuniquen datos genéticos u otros de carácter personal obtenidos en el curso de una investigación biomédica, cuando esta información sea necesaria para evitar un grave perjuicio para su salud o la de sus familiares biológicos.
  • Emitir informe respecto del libre consentimiento de la persona donante, en caso de extracción de órganos de donantes vivos.
  • Asesorar a los equipos directivos de los correspondientes centros e instituciones sanitarias para la adopción de medidas que fomenten los valores éticos dentro de los mismos.
  • Proponer a los correspondientes centros e instituciones sanitarias protocolos y orientaciones de actuación para aquellas situaciones en las que se presentan conflictos éticos de forma reiterada o frecuente.

En esta ocasión, he podido comprobar el rigor del equipo de profesionales que componen este CEA, y el interés en la materia objeto de trabajo y de estudio. La deliberación es un proceso vivo, ágil y muy comprometido. Exige ahondar en los valores que podrían vulnerar a la persona desde la posible decisión a adoptar, y permite a cada uno de los miembros, desde una postura de absoluta confidencialidad y compromiso, a expresar los diferentes cursos de acción que podría tomar el caso desde la adopción o no de una determinada decisión clínica.

Agradezco al Comité de Ética Asistencia de Almería que haya abierto las puertas a una investigadora y doctoranda en la materia, como lo es una servidora. Me ha aportado una visión interesante sobre la práctica de la deliberación que -sin duda- es vital para entender teóricamente todo el proceso.

Inmaculada Asensio Fernández

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Una mentira repetida mil veces se convierte en una gran verdad

Conversando con un buen amigo sobre las claves del pensamiento contemporáneo, salió a colación el término ‘posverdad’. Resulta curioso, pero hay veces en las que nos contamos a nosotros mismos, o a otros, una mentira sobre cómo ha sucedido un hecho o como se ha desarrollado una determinada situación, y nos la acabamos creyendo… Y esta mentira personal viene a desembocar en el reciente y extenso concepto de la posverdad, acuñado por el Diccionario de Oxford en 2016.

Las personas tenemos un dialogo interno que dirige nuestra vida y, aunque Platón venía a decir -en el mito de la caverna – que la verdad es independiente de nuestras opiniones y que estaría siempre ahí aunque nadie creyera en ella… Esto hoy día podría ser considerado una inocente creencia construida entre juegos en el patio del colegio. Hay mentiras grandes… enormes, que reposan sobre grandes verdades que no pueden ver la luz, porque nadie cree en ellas, pues resulta que sobre la verdad hay tantos puntos de vista como personas, y tantos matices como intereses personales en salir airoso, beneficiado o indemne de una situación.

Puedes dedicar todo el tiempo del mundo a analizar una cuestión y a exponerla de la manera más objetiva posible, basándote en hechos y evidencias,  y con mucha probabilidad te quedarás solo –como se suele decir- vendiendo arena en el desierto, pues cada cual tiene sus propias ideologías y creencias personales contra las que no se puede luchar. De hecho, así lo afirma Arturo Torres en el blog psicología y mente: “la posverdad se ha definido como un contexto cultural e histórico en el que la contrastación empírica y la búsqueda de la objetividad son menos relevantes que la creencia en sí misma, y las emociones que genera a la hora de crear corrientes de opinión pública”.

Las personas que nos dedicamos activamente a la investigación, corremos el riesgo de que nuestros postulados sean invisibilizados o reducidos a las cenizas es pos de esa posverdad, que si bien este concepto no está recogido aún por la Real Academia Española, existe el compromiso de introducirlo en su Diccionario antes de finalizar este año. Pero no sólo el resultado de nuestras investigaciones puede quedar invisibilizado, sino el fruto de nuestros análisis y conclusiones de cara a emitir un juicio, también puede quedar desdibujado por una fuerza similar a la de una simple ola, tal como se desdibujan los castillos de arena en la orilla del mar. Y de nada te sirve patalear y gritarle al mar porqué se llevó tu castillo, o porqué trajo esa ola, pues –o bien te devuelve una ola mayor que te puede mojar por completo, o bien puede hacer caso omiso de tu berrinche y seguir su curso… derribando castillos y arrastrando conchas desde el fondo del mar.

Ante un panorama como el que presenta esta modernidad presidida por la posverdad,  el único dique al que aferrarse es la experiencia y la emoción resultante de cada actividad que emprendemos en la vida, sea de la índole que sea, y el profundo sentimiento de dignidad y de valor que nace en nuestro interior cuando nos respetamos, y que sólo puede ser construido piedra a piedra por nosotros y nosotras mismas, incluso a veces desde el dolor.

Creer en uno mismo en medio de esta cultura de la posverdad no es cuestión baladí, y desde luego es posible que en más de un recodo del camino haya que enfrentar algún enfurecido Poseidón, cíclope o lestrigonio… de esos que tanto azotaban el ánimo y la pluma de  Constantin Cavafis en su poema Ítaca.

Sólo tú puedes conducir conscientemente tu vida a la luz de las experiencias que te suceden, de lo que te aportan las personas que te rodean, del fruto de tu estudio y trabajo, y de las consecuencias de tus actos y decisiones.  Más, para aprender a sobrevivir en tiempos turbios como éstos, en los que una verdad -como tal- no existe, sino que depende del resultado o conclusión que cada observador tiene de cada experiencia, lo que nos queda es aceptar la relatividad de todas las cosas y quedarnos con el aprendizaje que podemos obtener a cada paso, a cada caricia, a cada aplauso, a cada caída, y a cada golpe… ¡que no es poco!

Autora: Inmaculada Asensio Fernández

 

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Personas en situación de dependencia: atención, ética y humanización

A continuación comparto un resumen sobre mi participación en el XXII Congreso de la Sociedad Andaluza de Calidad Asistencial (Almería 2017), en una mesa sobre “Humanización en el entorno socio sanitario”.

Hace 4 años realicé una visita a una Unidad de Estancias Diurnas de personas mayores, y en un momento en el que estaba siendo acompañada para ver las instalaciones, entré con la directora en la Sala de Fisioterapia, y al fondo vi a un señor mayor que se desplazaba en silla de ruedas y que en ese momento estaba realizando ejercicios con una rueda de hombro. Me quedé mirándolo fijamente, porque me era ‘familiar’, de modo que decidí aproximarme y, conforme me iba a acercando a él, de verdad me dio un vuelco el corazón. ¿Es usted Don Manuel? –le dije. Y me contestó: -Si, y tú eres la hija de Pepe el Municipal. La sensación de verle de nuevo después de tantos años hizo que verdaderamente me emocionara y se me escapara alguna lágrima, que rápidamente desdibujé con el dedo índice aparentando la máxima normalidad. ¿Qué le pasaba a Don Manuel? ¿Por qué estaba en una silla de ruedas? ¿Y cómo es posible que se acordara de mi si habían pasado casi 20 años…?
Don Manuel fue el médico de cabecera de nuestra familia durante mi niñez y adolescencia. Le recuerdo como a un hombre afable, siempre con una mirada atenta, quién me sermoneaba –a medias- cuando mi madre le decía que nunca quería comer de nada… Amable, dispuesto, cercano… cuando estaba contigo estaba contigo, y siempre intentando ayudar para llevar mejor la enfermedad, cuando alguien caía enfermo. Era un hombre querido por toda mi familia, y cuando esa tarde llegué a casa y le dije a mi madre que lo había visto… sintió una gran alegría.

El lema de este Congreso es la Humanización de la Asistencia, y para mí hablar de humanización es hablar de personajes como Don Manuel, que nunca se olvidan.

Esta mañana voy a hablar de Dependencia, de Ética y de Humanización.

Humanizacion y Dependencia 2

El trabajo social comparte escenario con lo clínico-sanitario en la atención a las personas en situación de dependencia, dado que éstas presentan importantes complejidades relacionadas con sus limitaciones y la continuidad de su proyecto de vida, así como involucra a las familias cuidadoras, gravemente sobrecargadas y demandantes de asistencia y ayuda. Por otro lado encontramos la presión asistencial y la lentitud de respuesta social a través de ‘Dependencia’, lo que desgasta a pacientes, familias y profesionales. De manera que muchos son los esfuerzos que hay que poner en juego -desde lo humano- para paliar muchas situaciones, e importante es la coordinación que se pone en marcha para agilizar trámites y procedimientos para dar una respuesta inmediata a los casos más urgentes, desde el punto de vista social y clínico, como promover un ingreso en residencia de mayores para una persona que no puede retornar a su entorno, tras un proceso de hospitalización.
Encontrarse en una situación de dependencia no se relaciona solamente con la noción de salud o enfermedad, sino que tiene mucho que ver con el proyecto de vida de una persona y de su grupo familiar.

Cuando un trabajador social va al encuentro de una familia, verdaderamente no sabe lo que se va a encontrar, pues como decía Tolstói en Anna Karénina, todas las familias felices se parecen, y las infelices lo son cada una a su manera. Y está claro que el impacto de un problema (como puede ser la dependencia) obliga a reorganizar hábitos y roles de una manera ágil, y son muchas las familias que no pueden absorber el impacto de un diagnóstico con consecuencias graves, y claudican.

La Atención a la Dependencia, recogida en la Ley 39/2006, es un imperativo legal que responde a una exigencia moral y social: atender la fragilidad por la que se presupone que vamos a pasar todos, o casi todos… lo que no sabemos es en qué momento de nuestra vida.
La ética nos ayuda a establecer el marco de relación con el otro, sustentado en principios y valores. Ayuda, además, a afrontar conflictos y a tomar decisiones difíciles (en base a valores y con una metodología objetiva para analizar los casos que no tienen fácil respuesta), y de la manera más prudente (como diría Diego Gracia) y con las mayores garantías para la persona. Aunque no nos demos cuenta, nuestra actitud y nuestras decisiones van forjando un talante que traspasa a las personas que atendemos, y que las puede hacer sentir acompañadas o ninguneadas, aunque nuestra actuación sea la más eficaz desde el punto de vista técnico.
Según el psicólogo estadounidense Lawrence Kohlberg, la formación del juicio moral es el resultado de un proceso de aprendizaje, por tanto también se adquiere a través de la cultura y de las referencias del grupo con el que nos relacionamos. Las personas –sin saberlo- vivimos en un esfuerzo permanente de adaptación a los contextos y situaciones que nos toca vivir, de modo que es importante pararse y analizar el talante que se ha forjado en nuestro carácter, pues puede que pasen los años y llegue un día en que no te reconozcas.

Y la única manera de modificar ese talante que domina tu carácter, es con la conciencia, que es la linterna que nos muestra el camino de vuelta hacia nuestros objetivos y aspiraciones más profundas, que no tienen nada que ver con el estatus ni con lo material o superfluo, por tanto delimitando claramente la diferencia entre Atención Humanizada y Atención Deshumanizada.

Cuando me pidieron preparar esta intervención a principios de semana, decidí elaborar un pequeño cuestionario que recoja claramente lo que se entiende por ATENCIÓN HUMANIZADA y cómo podemos reconocer a un profesional inhumano en el trato directo. EL cuestionario fue administrado a 48 personas, a través de la aplicación googledoc, y estos son los primeros resultados:

En términos generales, la atención humanizada privilegia aspectos de la relación con el otro, fundamentalmente la empatía, respeto, dignidad, atención, escucha, no enjuicia, permite expresar lo que avergüenza, reconoce al otro, es cálida, etc…

Los atributos de la HUMANIZACIÓN se relacionan, ordenados según importancia, con:

-Tratar con empatía o empatizar con el otro

-Respetar al otro sin juicio: su autonomía, su nivel socio cultural, su individualidad

-Tratar al otro como a un ser valioso, con dignidad

-Generar confianza

-Dar un trato personalizado

-Escuchar antes de hablar, sin juicio y con sensibilidad: activamente

-Trato cercano

-Reconocer al otro

-Tratar con calidez

-Amabilidad

-Mirar a los ojos

-Solidarizarse con el otro, sentir compasión, no lástima

-Sonreír

-Tratar sin superioridad: desdén, desprecio, indiferencia…

-Estar más atento a la persona que a tus pensamientos

-Mostrar interés en resolver

-Conceder atención al otro

-Permitir a la persona sentir y expresar

-Atender las necesidades físicas y emocionales

-Tener un diálogo correcto

-Permitir compartir lo más íntimo, lo que avergüenza

-Permitir mostrar los puntos débiles

-Informar con claridad y honestidad

-Comunicarse con el otro

-Exponer todas las opciones posibles con sus riesgos

-Tener conciencia de que trabaja con personas

-Ser más cálidos y menos fríos

-Transmitir valores

Y respecto a cómo podemos reconocer a un profesional inhumano en el trato directo porque se mueve desde el ejercicio del PODER, la superioridad. No es empático, se muestra frío y alejado de la persona. Evita el contacto visual, interrumpe, muestra indiferencia, se muestra impaciente y molesto, cosifica, etc.

-Marca diferencias con el otro. Superioridad. Ejerce el Poder. Se comporta con supremacía. Actitud de superioridad. Menosprecia los comentarios o conocimientos del otro. Despotismo. Minusvalora. Trata con desdén. No hay una relación de equidad.

-Ausencia de empatía

-Frialdad

-No escucha

-Alejamiento de la persona

-Evita el contacto visual

-Se muestra impaciente y molesto (quiere acabar cuanto antes)

-Increpa

-Falta de atención en la persona

-Cosifica

-Es insensible

-No ofrece esperanza, la posibilidad de un futuro

-Contempla sólo al individuo, no al contexto

-Prejuzga

-No es claro en sus manifestaciones. Es escaso en la comunicación

-Porque interrumpe

-No es amable

-No trata con dignidad

-Más preocupado por las normas y protocolos que por la persona

-Obliga a ocultar las debilidades a su paciente

 

Conclusión

Poner atención en el comportamiento que tenemos hacia las personas que atendemos es lo que marca la diferencia entre una intervención insustancial, y una intervención con calidad. En mi caso, os puedo decir que Don Manuel no ganó un Premio Nobel de Medicina, pero verdaderamente ha sido un médico que ha generado un impacto imborrable en los recuerdos de muchas familias, por ejemplo en la mía. A ti, Don Manuel, aspiro yo algún día a parecerme. Gracias por tu humanidad.

Autora: Inmaculada Asensio Fernández

 

 

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Cuando un niño maltratado y no es protegido a tiempo, se abre una cuenta pendiente entre la sociedad de hoy y el adulto de mañana

Maltrato Infantil

Inmaculada Asensio Fernández

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