Hay personas invisibles, yo las he visto

Las personas que viven en la calle durante un tiempo corren el riesgo de caer en un proceso de exclusión, que se caracteriza por una ruptura total de vínculos de la persona con su medio, por  un proceso progresivo de pérdida de la identidad personal y de grupo y por una desconexión importante respecto a la situación social que las rodea.

Cuando una persona cae en un proceso de exclusión se produce un fenómeno muy concreto en el resto de personas que con ella se cruzan (la sociedad), consistente en que poco a poco dejan de tomar conciencia de que la persona que vive en la calle también forma parte de comunidad, que también tiene necesidades, que tiene un nombre, que tiene un pasado y alguna vez tuvo familia… en definitiva que también existe y tiene un lugar en el mismo tiempo y espacio.

¿Cuál es la manifestación más clara de que las personas que viven en la calle se vuelven invisibles para el resto? Una de ellas es que las personas con las que se cruzan dejan de mirarlas directamente, dejan de reconocerlas, dejan de sostener su mirada con la de aquél que ha tenido una suerte peor que la suya.

sé que existo, porque las personas me miran y recaen en que yo estoy aquí.

Inmaculada Asensio Fernández.

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Inmaculada Asensio Fernández: vocal del Comité de Bioética de Andalucía, 30 de noviembre

Inmaculada Asensio, directora de la Estrategia de Ética de los Servicios Sociales de Andalucía, ha sido designada vocal del Comité de Bioética de Andalucía, a fecha de 30 de noviembre de 2018.

Inmaculada es Trabajadora Social y Máster en Comunicación Social, actualmente realizando la tesis doctoral en materia de ética aplicada a la intervención social. Desde el mes de marzo de 2018 es la directora de la Estrategia de Ética de los Servicios Sociales de Andalucía,  tarea que desarrolla desde su puesto como Trabajadora Social en el área de salud mental de la Agencia Andaluza de Servicios Sociales y Dependencia de Andalucía.

El Decreto 439/2010, de 14 de diciembre, por el que se regulan los órganos de ética asistencial y de la investigación biomédica en Andalucía, creó el Comité de Bioética de Andalucía como máximo órgano colegiado, de participación, consulta y asesoramiento en materia de ética asistencial y de la investigación biomédica, adscrito a la Consejería competente en materia de Salud, conforme a lo previsto en el artículo 9 de la Ley 16/2007, de 3 de diciembre, Andaluza de la Ciencia y el Conocimiento.

El Comité de Bioética de Andalucía estará integrado por una Presidencia, una Vicepresidencia y vocalías en número no superior a diecinueve, designados y nombrados todos ellos por la persona titular de la Consejería competente en materia de salud, entre personas de reconocido prestigio profesional y científico en el campo de la bioética, las ciencias de la salud, la investigación biomédica, el derecho y las ciencias sociales.

Constitución del Comité de Bioética de Andalucía

Presidente: don Ángel Salvatierra Velázquez.

Vicepresidenta: doña Leonor Ruiz Sicilia.

Vocales:

– Don Demetrio Mariano Aguayo Canela.

– Doña Eloísa Bayo Lozano.

– Don Guillermo Antiñolo Gil.

– Don Rafael Cia Ramos.

– Doña Flor de Torres Porras.

– Don Ángel Estella García.

– Don Francisco José Alarcos Martínez.

– Don Francisco Oliva Blázquez.

– Doña María Luisa Pérez Pérez.

– Don Miguel Melguizo Jiménez.

– Doña Inmaculada Asensio Fernández.

– Don David Rodríguez-Arias Vailhen.

– Doña Josefa Aguayo Maldonado.

– Doña Ángela María Ortega Galán.

– Don Francisco Herrera Triguero.

– Doña Irene Blázquez Rodríguez.

– Don José Juan Jiménez Moleón.

– Doña María Teresa Molina López.

Secretaria: doña Reyes Sanz Amores.

 

Boja Número 232 – Viernes, 30 de noviembre de 2018.

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Actúa tú

actua tu

Inmaculada Asensio Fernández

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Ojo con el Efecto Espectador, te paraliza diciendo “no hace falta que hagas nada, ya lo hará otra persona”

Rebecca Deutremer Ilustracion

Ilustración de Rebecca Dautremer tomada de https://goo.gl/2bB8Xo

El efecto espectador es un fenómeno psicológico por el cual es menos probable que alguien intervenga en una situación de emergencia cuando hay más personas que cuando se está solo.

“Ya habrá actuado otro, ya habrá llamado otro, ya se habrá preocupado otro”

El 13 de marzo de 1964 una mujer llamada Kitty Genovese fue brutalmente asesinada frente a su domicilio, en Nueva York. Como gerente de un negocio de hostelería, regresaba a su casa a las 03.00 de la madrugada, y cuando aparcó su coche en la puerta un hombre la atacó con arma blanca, la violó y finalmente la asesinó. Antes de marcharse y dejarla desangrándose en mitad de la calle, le robó 49 dólares.

A kitty Genovese la mató la ciudad

El ataque duró sobre la media hora y pudo ser observado por más de 37 personas, desde sus ventanas y locales cercanos, ya que los gritos pidiendo auxilio de Kitty Genovese no cesaron en ningún momento durante esos 30 minutos.

El asesino huyó y Kitty Genovese fue trasladada en ambulancia, debido a la llamada tardía de un testigo. Murió de camino al hospital. Afortunadamente el asesino fue detenido días después e ingresó en prisión.

A pesar de que el New York Times relató que fueron unas 40 personas las que observaron el incidente, nadie intervino hasta bastante tiempo después de iniciado el asalto, de manera que ninguna persona hizo nada por salvar su vida.

Este hecho despertó el interés de psicólogos e investigadores, de manera que Bibb Latané y John Darley  iniciaron una investigación social para esclarecer cómo era posible que ninguna persona la ayudara en plena vía pública (Quiñones, L. 2016. La Nación).

El Efecto Espectador

Se pudo demostrar que hay un efecto social denominado “Efecto Espectador” que se produce cuando varias personas observan un hecho conflictivo, peligroso o de riesgo y sin embargo nadie hace nada para impedirlo, desde la creencia de que otra persona lo hará. Todo el mundo piensa que otra persona actuará; otra persona llamará; otra persona hará algo… de manera que toda la responsabilidad se diluye y al final nadie toma la decisión de intervenir.

Unido a lo anterior, estamos sobreexpuestos a situaciones de dolor, a los conflictos y agresiones (en los medios de comunicación, por ejemplo) y nos hemos acostumbrado a mirar hacia otro lado para protegernos, o incluso a mirar y no ver… no hay un auténtico sentimiento de comunidad o de grupo.

Una experiencia reciente que me ha llevado a escribir esta entrada de blog

Hace poco menos de un mes una persona de mi entorno me comentó algo que le había pasado al parar a repostar en una gasolinera antes de acudir a mi encuentro, para almorzar juntos. Me comentó temas sin importancia relacionados con el precio del combustible, la cantidad de personas que había en la gasolinera… y que un hombre que iba justo delante de él en la cola para pagar al parecer llevaba unos tragos de más, a juzgar por la cara que puso la dependienta cuando se dio la vuelta y se marchó este señor.

Ella comentó que olía muchísimo a alcohol y que ese hombre no estaba para conducir. Añadió, apenada pero sin conciencia de la repercusión de lo que estaba diciendo que “para colmo este hombre llevaba en el coche a una niña, y que por cómo olía desde luego no estaba para conducir”. En ese momento, él comentó a la dependienta que si ella lo había olido e iba pasado de alcohol y llevaba a una menor con él en el coche, lo conveniente sería que avisara a la Guardia Civil. Ella lo miró seriamente y le contestó: “tienes razón, lo suyo es llamar a la Guardia Civil”.  Por tanto él pagó, dio las gracias y se marchó para encontrarse conmigo.

Por mi parte, nada más escuchar esta parte del relato durante el almuerzo comencé a ponerme nerviosa… una niña, un hombre con exceso de alcohol, puede que borracho… ambos solos y él conduciendo… En fin, se me encendieron todos los pilotillos de emergencia. Me faltaban respuestas y me sobraban preguntas, de manera que me llené de verbos y adjetivos para pedir explicaciones sobre por qué él mismo no había llamado a la Guardia Civil.

Él respondió tranquilo: “No te preocupes, le dije a la dependienta que llamara a la Guardia Civil, pues además fue ella la que se dio cuenta del olor a alcohol y de que viajaba con una niña”.

Mi cara un poema. ¿Y tú no has podido llamar en ese mismo momento para asegurarte de que la gestión quedaba hecha? ¿Y si el hombre no está para conducir? ¿Y si tienen un accidente? ¿Y si…? Medio millón de “Y si´s” cruzaron mi mente en poco menos de un minuto. Sin embargo él estaba almorzando tranquilo desde el convencimiento de que esa amable dependienta había cumplido con lo acordado.

¿Quieren saber lo que de verdad ocurrió?

Sin pensarlo mucho le pregunté qué gasolinera era y busqué el tlf en google. Llamé y respondió una mujer muy amable a la que pregunté si ella había atendido hacía unos 30 minutos a un hombre que viajaba con una niña y que olía mucho a alcohol, y contestó que sí. Le revelé el contenido de la conversación mantenida en ese momento durante el almuerzo, y le pregunté expresamente: ¿has llamado a la Guardia Civil?

Su respuesta no se hizo esperar: no. Luego comenzó con evasivas… yo no vi el coche, yo estaba trabajando y tenía mucha gente, yo veo muchas cosas feas en este trabajo y no puedo estar todo el día llamando a la Guardia Civil… Y luego argumentó: ¿y por qué no ha llamado él si tan claro lo tenía? Yo no le dije que lo haría, sólo me callé y asentí. También podía haber llamado él.

Ya podéis imaginar mi indignación. Estuve un rato al tlf con esta señora haciéndole ver que si observamos una situación de riesgo o peligro, no podemos pasar de largo, porque no hay actitud más deshumanizada que esta. Ella me daba la razón, pero me decía que no quería problemas.

Nos perdimos en un sinfín de explicaciones por mi parte y de excusas por la suya. Le pregunté por los detalles del coche, del hombre o dirección tomada para llamar yo misma a la Guardia Civil, pero lamentablemente no recordaba nada (o eso me respondió).

Mi acompañante durante el almuerzo quedó de piedra al comprobar in situ a quién estaba telefoneando. Escuchó entre preocupado, culpable y aturdido todo lo que pudo sobre entender de esta conversación, a la luz de mis diálogos con esta trabajadora de la gasolinera.

Cuando finalmente colgué el tlf me dijo: “me has dado una lección que no olvidaré nunca”.

Por favor, si observas una injusticia, una situación de riesgo o un peligro cierto, no pases de largo, actúa. Mañana te puede pasar a ti.

Inmaculada Asensio Fernández.

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Hay amores que no matan, pero hieren. ¿Merece la pena?

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Infografía diseñada por Inmaculada Asensio Fernández.

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Lidiar con la frustración no es fácil

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ILUSTRACIÓN DE: Sveta Dorosheva, tomada de: https://goo.gl/wDNFJG

Dicen algunas teorías que tratan de explicar el origen de la violencia, que la escasa tolerancia a la frustración puede ser un factor desencadenante de este tipo de conductas (véanse los estudios clásicos de la Universidad de Yale en 1938, realizados por Dollard, Miller y colaboradores).

Sentir frustración puede llegar a ser muy desagradable, hasta el punto de poner en jaque nuestro bienestar y autoestima… y todo por un deseo no satisfecho. Puede estar relacionado con algo material que no tenemos, con un afecto que no logramos alcanzar, con la necesidad de reconocimiento externo, etc. Puede vestir muchos ropajes, pero al final la sensación es la misma: no puedo. Y no siempre las causas de esta imposibilidad están bajo nuestro control, sino que no queda más remedio que aceptar que no todo está a nuestro alcance, pero aún así la vida sigue siendo perfectamente aceptable.

Sin embargo, en ese momento exacto en el que experimentamos un profundo sentimiento de  contrariedad, ¿qué podemos hacer con la frustración?, ¿podemos meter la frustración en una botella, lanzarla al mar y sentarnos a esperar una respuesta?, ¿nos comemos la frustración con patatas? No existe una respuesta ideal, pero lo que está claro es que conviene aprender a gestionarla para que no gobierne nuestra vida.

No se puede tener todo lo que se desea, y además no siempre lo que deseamos es conveniente o saludable para nuestra vida, aunque en esto no se suele reparar. De hecho, la escultura de nuestro carácter alberga muchos noes y muchos nopuedo que alguna vez fueron pensados, o dirigidos hacia nuestra persona (“tú no puedes, tú no sabes, tú no vales…”), pronunciados -incluso- por quiénes más nos querían o valoraban. Las personas podemos ser muy contradictorias, e incluso podemos  decir cosas que no sentimos realmente, fruto de un secuestro emocional momentáneo.

La sencillez y la humildad de una persona, incluso su generosidad, están bañadas en las cálidas aguas de la frustración ya resuelta, madurada… lo que yo llamo frustración amiga.

– “¿Puede ser verdad que hay algo fuera de mi que puede hacerme feliz… aunque quizá ni lo tengo, ni lo conozco?

La próxima vez que te pilles en un sentimiento de desánimo o desaire porque las cosas no salieron como tú querías, pregúntate qué esperas que te aporten las circunstancias, personas o situaciones que añoras, y que tú no te sientes capaz de darte.

Puede que a raíz de esta nueva pregunta, la frustración te suene a estación pasajera.

Puede que a raíz de esta nueva pregunta, dejes de lamentarte.

Puede que a raíz de esta nueva pregunta, el miedo desaparezca.

Suerte.

Autora: Inmaculada Asensio Fernández.

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‘Beso, atrevido o verdad’… Qué hay de cierto en la atracción que sentimos hacia otras personas

Ilustración de la artista Philippa Rice

Ilustración de Philippa Rice. Imágen tomada de: https://goo.gl/16iWP8

La atracción por una persona es un ‘estado’ mental que sigue sus propias reglas, y que por lo general se produce por una mezcla de sensaciones producidas por:

  • Ciertos rasgos -físicos que despiertan mis hormonas.

  • Ciertos rasgos emocionales- que veo en ti y despiertan ‘algo’ en mi, me ‘tocan’ la fibra sensible.

  • Alguna característica en tu funcionamiento personal o social, que me hace imaginar que voy a recibir un determinado trato que se me antoja necesario en este momento (podría ser que me cuides, que me apasiones o que me trates de una determinada manera que yo necesito).

  • Toda una serie de proyecciones y deseos que vuelco en tu persona, aunque no te conozca y no me hayas mostrado nada de eso, pero que nuevamente imagino que forman parte de tu carácter y que cumples con los requisitos del hombre o la mujer ideal para mi (o como se ha dicho siempre: de mi vida).

  • Cómo me siento cuando estoy a tu lado, qué me haces sentir, qué imagen me devuelves de mí misma, qué sensaciones despiertas en mi. Dicen por ahí que enamorarse es llegar a un súbito estado de amor propio, gracias a la mirada del otro.

Todos estas características no tienen que darse al mismo tiempo, e incluso -aún dándose- pueden cambiar de color blanco a negro, según evolucione la relación entre ambos-as… a veces podemos llegar a sorprendemos de la manera en la que comenzamos a ´ver´a una persona de nuestro entorno, tanto en positivo como en negativo. La influencia del pensamiento influye mucho en este sentido.

Lo que nunca debe estar presente en una relación afectiva o sexual con otra persona es

  • Sentirte obligado-a a renunciar a situaciones/ cosas/ personas que amas.
  • Sentirte limitado-a a salir o a relacionarte con tus amistades.
  • Sentirte forzado-a a tolerar situaciones que no deseas vivir.

Las personas nos sentimos atraídas unas por otras debido a muchos factores -propios y ajenos- siendo el peso de la propia historia personal un factor que nos predispone o inclina a sentir atracción o deseo por personas que nos hacen bien, o por personas que nos hacen mal. Y como estos mecanismos que nos conducen al buen o al mal amor suelen ser inconscientes, conviene interiorizar -a modo de brújula- que…

El amor no obliga, respeta. El amor no humilla, cuida. El Amor no acosa, se desarrolla en la libertad personal de elegir. El amor no nos impulsa a mentir, sino que sobrevive en medio de todas las verdades y realidades. El amor suma, no resta. El amor no duele.

Autora: Inmaculada Asensio Fernández

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