La dignidad es un baile de equilibrios entre el respeto y el autocuidado

Aprender a cuidarnos es una enorme responsabilidad que se ejerce durante toda la vida.

Ilustración: Catrin Welz- Stein https://www.instagram.com/catrin_welzstein/?hl=es

La dignidad como valor es una construcción interna que se afirma o se vulnera a través de nuestras personales decisiones. Aunque parte de un reconocimiento filosófico universal que respalda el valor intrínseco de cada ser humano, que no se puede reducir a un precio o a una función, en realidad se juega en los vínculos afectivos, en los gestos cotidianos, en las decisiones que tomamos cuando estamos atravesando momentos de fragilidad.

La dignidad no depende del comportamiento de otra persona hacia nosotras o nosotros, sino que se sostiene en lo que una persona está dispuesta a aceptar o a rechazar para sí misma, y ahí es donde encuentra su mayor expresión la dignidad como valor. Se afirma cuando se tiene la capacidad de ver con claridad, de elegir con autonomía y de protegerse de un posible daño, incluso cuando el deseo, la nostalgia o la esperanza empujan en otra dirección. Por tanto, podemos decir que la dignidad es una forma de soberanía interna que se expresa, muchas veces, en la posibilidad de decir no a lo que no queremos o nos puede dañar, de modo que no nace del orgullo, sino de la capacidad personal de cuidado de cada cual.

La dignidad también aparece como resistencia ética frente al empobrecimiento de los vínculos humanos, frente a discursos que normalizan el desapego emocional, la manipulación afectiva y la indiferencia estoica como estrategia de fortaleza frente al resto del mundo, como si debiéramos vivir toda nuestra vida con una enorme coraza para evitar daños y complicaciones. La dignidad es un baile de equilibrios entre el respeto y el autocuidado, y se traduce en amor hacia nosotras mismas.

La dignidad, en última instancia, es poder personal y libertad de elegir lo que nos hace bien, lo que nos permite sostenernos con integridad ante los desafíos de la vida. Por tanto, es un acto cotidiano de verdad, cuidado y responsabilidad.

Inmaculada Asensio Fernández

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