Las posiciones de liderazgo del Trabajo Social en el espacio sanitario público de Andalucía

Imagen tomada de: https://www.saludterapia.com/articulos/a/2867-el-liderazgo.html

Nos hicieron creer que se iba a generar una plaza de Coordinador-a de Trabajo Social de los centros sanitarios del Servicio Andaluz de Salud (SAS), a través de la publicación del proyecto de Orden por la que se esperaba crearla. Sin embargo, finalmente nunca superó el proceso de aprobación.

El Proyecto de Orden tenía por objeto la creación del puesto de Coordinador/a de Trabajo Social en los centros sanitarios del Servicio Andaluz de Salud, como cargo intermedio de carácter estatutario en cada provincia. La iniciativa se fundamentaba en la normativa vigente que faculta a la Consejería de Salud para crear y modificar categorías profesionales, y respondía a la necesidad de dotar al Trabajo Social sanitario de una estructura de coordinación que unificara criterios de actuación, garantizara intervenciones homogéneas y de calidad, y reforzara la integración sociosanitaria en el marco de la Estrategia Andaluza para la Coordinación Sociosanitaria. El proyecto contemplaba la definición de funciones, sistema de acceso, dependencia orgánica y régimen retributivo del puesto, y no preveía alternativas no regulatorias para su creación.

Fuente: Junta de Andalucía. (2022, 10 de mayo). Proyecto de Orden por la que se crea el puesto de Coordinador-a de Trabajo Social de los centros sanitarios del Servicio Andaluz de Salud. Portal de Participación Pública en Proyectos Normativos.

Algunas personas con responsabilidad dentro de la propia Consejería me han trasladado informalmente que la paralización pudo deberse a motivos presupuestarios. No obstante, no dispongo de información oficial que confirme esta explicación, aunque no resulta sencillo encontrar otros argumentos que justifiquen la desarticulación de los equipos de Trabajo Social en el SAS.

De este modo, la profesión de Trabajo Social ha tenido que autoorganizarse y nombrar referentes dentro de los equipos sanitarios del SAS, al menos en la provincia de Almería, partiendo del acervo común del colectivo, y también de otros con los que se relaciona en el entorno profesional, de que sin perfiles visibles de responsabilidad los equipos de Trabajo Social funcionan de manera descoordinada y sin objetivos comunes. Objetivos que, además, deben ponerse siempre en conocimiento del resto de perfiles clínicos con los que se desarrolla la labor profesional.

Por tanto, se han nombrado referentes en Atención Primaria de Salud en los diferentes equipos presentes en la provincia (Almería, Poniente y Área Norte), en la Unidad de Salud Mental Comunitaria y en el entorno hospitalario del Complejo Torrecárdenas.

Nuestras referentes en la provincia son:

  • Encarna Ramos Martínez, referente de Trabajo Social y responsable de equipo en el Complejo Hospitalario Torrecárdenas.
  • Teresa Jiménez Bolívar, referente de Trabajo Social y responsable de equipo en la Unidad de Salud Mental de Almería.
  • Miguel Ángel Carrasco Pérez, referente de Trabajo Social y responsable de equipo en el Distrito Sanitario Almería (Atención Primaria).
  • Sandra Pedrosa Carmona, referente de Trabajo Social y responsable de equipo en el Área Sanitaria Norte de Almería.
  • Esther Suárez Sánchez, referente de Trabajo Social y responsable de equipo en el Distrito Sanitario Poniente.

El Colegio Oficial de Trabajo Social de Almería quiso poner de relieve la labor que llevan a cabo estas referentes en Salud, organizando un Conversatorio sobre Procesos de Autoorganización y Autoliderazgo del Trabajo Social en Salud, celebrado el 27 de noviembre de 2025 en el espacio ALMA (Ayuntamiento de Almería).

Fruto de este encuentro, en el que yo misma participé como organizadora, considero importante compartir algunas reflexiones sobre las posiciones de liderazgo vinculadas al ejercicio del Trabajo Social, en este caso en Salud.

El liderazgo no se pide, a veces se toma

Hace más de veinte años me dijo una buena amiga, Ángeles se llamaba, ya fallecida, filosofando sobre la vida, que la libertad no se pide, la libertad se toma. Si se pide, no es libertad.

Llevado al tema que nos ocupa hoy, el liderazgo, esto se traduce en que el ejercicio del poder es un movimiento que debemos hacer nosotras, una fuerza que consiste en empujar las estructuras para que cedan y reconozcan la necesidad de figuras de responsabilidad en todos los equipos, también en los de Trabajo Social. Y también la fuerza necesaria para sostener a las personas que forman parte de ellos.

El liderazgo no es una fuerza individual, sino el resultado de un proceso colectivo

Sin unión no hay fuerza. El poder no es algo que otros vayan a ceder en el fragor de una conversación, por aprecio o por reconocimiento espontáneo de la dignidad de todas las profesiones. Esto no sucede en la normalidad de las relaciones humanas. Exige, por parte de quien desea ocupar ese espacio, una actitud proactiva, no defensiva ni reactiva, hacia el cambio.

El poder no nos lo va a dar nadie, hay que ir tomándolo poco a poco.

Es necesario ocupar espacio

Porque, al final, liderar es ocupar espacio, ocupar espacio en los ámbitos donde se toman decisiones, en los espacios donde se coordina el trabajo, en los lugares donde se acuerdan los criterios de funcionamiento y organización de todo un equipo, y también en el momento de establecer qué resultados queremos obtener o qué resultados esperamos.

El liderazgo implica hacernos visibles

Algunas de las personas que me siguen saben que soy máster en Comunicación Social y que me formé con Teresa Baró en comunicación no verbal en la Escuela de Oratoria de Madrid. Teresa Baró decía que las personas que ofrecen una conferencia deben ocupar el espacio central de la sala, el más visible.

De ahí se desprende que liderar también implica hacernos visibles. Y eso, muchas veces, incomoda a otras personas, a otros perfiles profesionales dentro de los equipos de trabajo.

Para liderar, a veces es necesario incomodar

Como dicen algunas personas que ejercen la política desde una perspectiva feminista en este momento histórico, liderar es, de algún modo, incomodar, es señalar lo que no funciona, lo que consideramos que debería cambiar. Y eso no le gusta a nadie. Es incómodo que te digan que algo no se está haciendo bien.

Ocurre con el feminismo, para que las mujeres alcancemos mayores cotas de poder público, muchas veces hay que incomodar a hombres que están cómodos en su lugar y no desean cederlo. Igual que ha ocurrido con el movimiento feminista, los espacios se ocupan, nadie los entrega voluntariamente.

La cohesión del equipo y el liderazgo se retroalimentan

Retomando lo que decía Teresa Baró, además de ocupar un lugar central, si estás ofreciendo una conferencia de pie, conviene moverse por la sala. Del mismo modo, cuando lideras un equipo, hay que acercarse a todas las personas que lo conforman.

Los equipos fragmentados funcionan peor y aceptan con más dificultad una posición de liderazgo, ya sea estructural o un liderazgo moral y merecido, ese que no siempre se reconoce formalmente, pero existe.

Además, como dice Paulo Freire, los espacios hay que ocuparlos porque, si no se ocupan, se pierden. Y si no los ocupamos nosotras, los ocuparán otras personas.

Un ejemplo es el Trabajo Social en Educación en Almería. Ha quedado reducido a labores administrativas, acudir a comisiones de absentismo, levantar acta o asistir a reuniones donde se deciden ingresos en residencias escolares por motivos sociales. Probablemente nació con otros cometidos, ya que en cada provincia andaluza se ejerce de manera distinta. Pero en Almería, de las dos plazas que quedan, inicialmente eran tres, una ya está en extinción, de manera que cuando se jubile la persona que la ocupa en la actualidad, se perderá para siempre.

Se está muriendo porque se está quedando sin funciones, sin cometido. No se considera necesario ni relevante, a pesar de que el espacio educativo es el principal agente de detección de situaciones de maltrato infantil o de acoso escolar. Sin embargo, en Almería no se interviene desde los dos profesionales que permanecen, porque sus funciones han quedado minimizadas e invisibilizadas. En menos de cuatro años, solo quedará uno.

Todo espacio que se cede lo ocupa otro perfil profesional. Por eso es tan importante que aprendamos qué es el liderazgo, para que nadie anule nuestra presencia en los equipos de trabajo.

El liderazgo es un proceso en permanente construcción

En el ámbito del Trabajo Social, el liderazgo se construye desde la capacidad de impulsar procesos como estas jornadas de autoliderazgo y autoorganización, desde la capacidad de sostener equipos cuando no hay nadie más que lo haga, como sucede tantas veces en Salud, y desde la capacidad de orientar intervenciones con una mirada ética, crítica y, sobre todo, coordinada y conectada con el personal con el que trabajamos.

Un liderazgo sólido implica claridad de propósito, conciencia del impacto de nuestras decisiones dentro de un equipo mucho más amplio y una comunicación que genere confianza.

Lideramos cuando ocupamos espacio y cuando tomamos la palabra, ese segundo gran dique.

Tomar la palabra no porque alguien nos la ceda, sino porque la asumimos como un acto legítimo de presencia profesional y de responsabilidad colectiva.

Liderar es participar y promover la participación

Liderar en este campo es promover la participación, articular recursos, ser referentes en la defensa de derechos y sostener estructuras de trabajo que permitan que los equipos funcionen con coherencia, responsabilidad y humanidad.

Y, especialmente en un encuentro como el de esta tarde, sobre autoorganización y autoliderazgo del Trabajo Social en Salud, liderar es afirmar nuestro lugar profesional dentro de los equipos.

Repito, liderar es afirmar nuestro lugar profesional dentro de los equipos, en este caso sociosanitarios.

Es tomar la palabra con convicción y ocupar el espacio que corresponde a nuestra función profesional.

Y hasta aquí mis reflexiones sobre liderazgo y Trabajo Social.

Inmaculada Asensio Fernández.

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