¿Qué es un Quejódromo?

http://www.inmaculadasol.com

En la intervención de Belén Navarro en las I Jornadas de Servicios Sociales celebradas en Roquetas de Mar (Almería) el 11 de octubre de 2024, ella misma mencionó una palabra que rápidamente resonó entre las personas asistentes, entre risas: el quejódromo.

Este término, cargado de humor y autocrítica, hace referencia a un fenómeno muy común en los espacios de trabajo vinculados a los servicios sociales, y se centra en el hábito colectivo de lamentarse sobre las dificultades del día a día, pero sin avanzar hacia soluciones concretas.

Veamos una posible definición de Quejódromo

El Quejódromo no es un lugar físico, aunque a veces podría parecerlo. Es ese espacio simbólico donde las personas nos reunimos, generalmente entre colegas de profesión, para compartir en voz alta las injusticias, frustraciones y banderas rojas que enfrentamos en el trabajo: todo lo que no funciona. El Quejódrono ilustra ese momento en el que las quejas se vuelven algo recurrente e infinito… un fin en sí mismas e incapaces por sí solas de generar un cambio verdadero. La única utilidad que podrían tener es analizarlas desde un enfoque reflexivo -de manera detenida- para permitirnos avanzar en alguna dirección clara, para tomar decisiones.

Como lo describió Belén Navarro, se trata de una dinámica común en muchos equipos de servicios sociales comunitarios, ella lo escucho por vez primera en Galicia, durante una acción formativa que impartió:

«Nos sentamos, nos quejamos durante una hora, nos levantamos y seguimos trabajando. Si bien desahogarse puede ser terapéutico, el quejódromo se convierte en un problema cuando sustituye la acción transformadora, consolidando una sensación de impotencia colectiva, empequeñeciéndonos o restándonos valor«.

¿Por qué caemos en el quejódromo?

1. Cargas estructurales: En el caso del trabajo social, las condiciones laborales muchas veces están marcadas por el exceso de tareas administrativas y burocráticas, por el engorroso proceso de certificación de pobreza, por la sobrecarga, la precariedad y un sistema que pone a las profesionales en la primera línea de las tensiones sociales. Estas condiciones alimentan una espiral de frustraciones que fácilmente derivan en quejas constantes que nos quitan todo el poder de hacer algo útil con todo ello, nos deja sin fuerzas, pero con la idea en mente de que hemos estado destapando realidades importantes y que eso, por sí solo, traerá algún cambio. Esto no es verdad.

2. Falta de reconocimiento: La compañera Belén Navarro señaló que las trabajadoras sociales enfrentan un doble desdén: por parte de las políticas y de los políticos de turno, que minimizan su labor; pero también por parte de la academia, que a menudo critica que las y los profesionales de lo social tienden al inmovilismo, a la comodidad de la silla, y esto no es verdad. Este contexto genera una necesidad legítima de expresar malestar, aunque no siempre se canalice hacia el cambio.

3. Desahogo colectivo: El Quejódromo tiene un componente emocional importante, en tanto espacio para compartir frustraciones y sentir que no estamos solos y solas. Sin embargo, cuando este desahogo no va acompañado de propuestas constructivas, puede convertirse en una pesada carga que nos lleve a la inacción y al desánimo, además de que esas inercias corren como la pólvora. A veces, verbalizar los problemas puede ser el primer paso para la identificación de soluciones. Belén Navarro subrayó la importancia de abandonar la queja estéril, y transformarla en un análisis más profundo y en propuestas concretas que favorezcan el autocuidado.

Esto implica reconocer las limitaciones estructurales del sistema, pero sin perder de vista las posibilidades de cambio desde nuestra posición profesional. Como profesionales, es importante dejar de depender exclusivamente del reconocimiento externo (que, como Navarro señaló, muchas veces no llegará) y empezar a valorar nuestra labor desde el colectivo profesional. Este reconocimiento interno puede ser un antídoto contra la resignación y la apatía.

Como recordó Belén Navarro, no podemos esperar a que el sistema cambie por sí solo. Está en nuestras manos hacer que las quejas se conviertan en propuestas, y que esas propuestas nos acerquen a un ideal de desempeño profesional más acorde a nuestras expectativas y nuestro propio bienestar.

Inmaculada Asensio Fernández.

Deja un comentario