Soy trabajadora social y me pregunto: ¿debo aceptar regalos en mi puesto de trabajo?

El tema de la aceptación de regalos en el puesto de trabajo suele generar dudas y dilemas, sobre todo porque hay una línea fina que separa un detalle bondadoso, de un deseo de soborno que pueda generar una situación de clientelismo.

Voy a compartir en unas líneas sobre lo que al respecto marcan algunas normas legislativas, e incluso el código deontológico de trabajo social:

El Código Deontológico de la Profesión de Trabajo Social señala en su artículo 23 que:

“La situación de poder o superioridad que el ejercicio de su actividad pueda conferir al profesional del trabajo social sobre la persona usuaria, nunca será utilizada por aquel/lla para su lucro, interés o beneficio propio”.

El artículo 54 del Estatuto básico del Empleado Público incluye:

“el rechazo de cualquier regalo, favor o servicio en condiciones ventajosas que vaya más allá de los usos habituales, sociales y de cortesía, sin perjuicio de lo establecido en el Código Penal”.

Incluso, la Ley 19/2013, de 9 de diciembre, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno, en su artículo 26, incluye entre sus principios de actuación, referidos a miembros del Gobierno, Secretarios de Estado y al resto de los altos cargos de la Administración General del Estado,

“no aceptar para sí regalos que superen los usos habituales, sociales o de cortesía, ni favores o servicios en condiciones ventajosas que puedan condicionar el desarrollo de sus funciones. En el caso de obsequios de una mayor relevancia institucional se procederá a su incorporación al patrimonio de la Administración Pública correspondiente”.

En este sentido, podemos considerar que una caja de bombones o un bote de colonia es un obsequio de cortesía; pero un traje de chaqueta, un reloj de pulsera o una Tablet…, pueden exceder los límites saludables de la cortesía, y tener una intención para alguna de las partes.

No obstante, considero que este tema bien merece la reflexión ordenada en equipo, para establecer entre todos sus miembros unas normas de conducta saludables y que todas las personas se rijan por los mismos criterios.

Inmaculada Asensio Fernández

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