La limerencia descrita por Dorothy Tennov (1979)

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Hay una palabra que no resulta familiar para todo el mundo, yo la descubrí hace unos meses, se llama limerencia y cada vez circula más en redes sociales, espacios divulgativos y conversaciones sobre vínculos afectivos.

La limerencia describe una experiencia emocional de gran desgaste y sufrimiento, en la que una persona atraviesa un estado intenso de enamoramiento, fijación o atracción romántica. Se caracteriza por pensamientos recurrentes hacia la persona deseada, necesidad de reciprocidad, idealización e hipervigilancia ante cualquier señal que pueda interpretarse como interés, rechazo o posibilidad.

El término fue acuñado por la psicóloga Dorothy Tennov, quien lo desarrolló en su obra Love and Limerence: The Experience of Being in Love. Tennov estudió el fenómeno a partir de entrevistas, cuestionarios y testimonios de personas que describían un estado intenso de enamoramiento, acompañado de pensamientos intrusivos, deseo de reciprocidad, idealización de la persona amada y una gran dependencia emocional de cualquier señal que pudiera indicar interés o rechazo. Su aportación fue especialmente valiosa porque permitió diferenciar este estado de otras formas más estables, cuidadas y recíprocas de amor.

En su libro, Tennov analiza la experiencia de “estar enamorada o enamorado” cuando esta se vuelve absorbente, involuntaria y marcada por la incertidumbre y el sufrimiento. La autora muestra cómo la persona limerente puede oscilar entre la euforia y el abatimiento en función de la respuesta, real o imaginada, del objeto de su deseo. La obra no presenta la limerencia como una rareza, sino como una experiencia humana reconocible, aunque potencialmente dolorosa cuando domina la vida emocional de la persona y se sostiene sobre expectativas no correspondidas o no verificadas.

Lo curioso de la limerencia es que se basa más en percepciones internas del sujeto que la siente, que en hechos objetivos. Por ejemplo, una conversación, una mirada, una cita, un mensaje, una frase ambigua, una conexión inicial sin cierre (…). Pero alrededor de esos elementos en los que no hay nada más, se construye toda una narrativa interna que da sentido a sus sentimientos, pero que no necesariamente es real. La mente intenta completar lo que no sabe, interpretar lo que no se ha dicho y encontrar pruebas de reciprocidad allí donde solo hay indicios parciales, incluso mal interpretados.

Uno de los elementos centrales de la limerencia es la incertidumbre.

Cuando una persona expresa con claridad que no hay interés, puede doler, pero suele permitir cierto cierre. Cuando una persona muestra interés de manera clara y sostenida, la relación puede desarrollarse en un marco de interpretación real. Pero, cuando aparecen señales ambiguas, acercamientos parciales, retiradas repentinas o comportamientos intermitentes, el sistema emocional puede quedar atrapado en una dinámica tóxica que no permite a la persona padeciente liberarse fácilmente de ella, precisamente por la incertidumbre, que en estas situaciones pseudo-afectivas funciona como combustible y cerillas.

Las posibles situaciones podrían ser:

  • Un mensaje que llega tarde.
  • Una visualización en redes sociales.
  • Una frase que parece tener doble sentido.
  • Una respuesta cálida seguida de silencio.
  • Una invitación aceptada y después cancelada.
  • Una persona que se acerca, pero no termina de estar, o se aleja.

Todo ello puede activar una búsqueda constante de significado en la persona que experimenta la limerencia, en un intento de descubrir si lo que ha sentido es sincero, si hay o no hay historia aquí, de manera que comienza a suponer o intentar adivinar qué estará sintiendo la otra persona. Y este tipo de preguntas, cuando no encuentran respuesta, se vuelven circulares.

Mientras el amor se alimenta de reciprocidad y realidad, la limerencia es proyección e ilusión

El amor necesita presencia, interés y conocimiento mutuo, cuidado y responsabilidad, y el hilo conductor de todo ello es la conversación y la capacidad de reparar en el otro, y hacia el otro. El amor se intensifica con el deseo, pero puede existir o no, así como también con el misterio y ciertas dosis pequeñitas de incertidumbre en los primeros momentos… es como un juego, en el que ninguno (se) pierde.

Necesita presencia, conocimiento mutuo, cuidado, responsabilidad, conversación y capacidad de reparación. El amor puede incluir deseo, misterio e incertidumbre al principio, pero tiende a construir suelo.

La limerencia, en cambio, suele crecer donde no hay conocimiento en profundidad, ni suelo suficiente. Es una idealización de otra persona, creada mentalmente a imagen y semejanza de lo que suponemos que queremos y nos estimula a muchos niveles, pero sobre todo se basa en la proyección de lo que necesitamos, sin existir eso en la realidad en absoluto. La persona deseada se convierte en pantalla de proyecciones, incluyendo posibilidad, reparación, futuro, validación, salida de una etapa dolorosa, confirmación del propio valor…, amor eterno.

Por eso, muchas veces se dice que la intensidad no tiene nada que ver con el amor ni con una relación sana.

Puede haber mucha activación emocional y poca relación efectiva.

Mucha fantasía y pocos hechos.

Mucha interpretación y poca claridad.

Mucha espera y poca reciprocidad.

Esta desproporción es una de las señales más importantes para reconocer el fenómeno.

La limerencia no aparece porque una persona sea débil, inmadura o incapaz de razonar adecuadamente, pues tiene entre sus victimas a personas inteligentes, funcionales, responsables y con una vida profesional o social sólida.

Lo que sí es cierto, es que la limerencia suele aparecer en momentos de vulnerabilidad emocional, como por ejemplo después de una ruptura, en situaciones de soledad afectiva prolongada en el tiempo, tras una pérdida, durante etapas de baja autoestima o cuando existe una necesidad intensa de sentirse visto, deseado o elegido.

En esos contextos, una persona concreta puede adquirir un valor simbólico muy elevado, sobre la que se fantasea que nos puede hacer volver a sentir cosas que hacía mucho tiempo que no sentíamos, o de recuperar la ilusión por vivir. El problema aparece cuando esa ilusión queda depositada en alguien que no ofrece claridad, presencia o reciprocidad suficiente, y que por lo general nos puede dejar bastante mal parados.

Hoy en día, para superar la limerencia por alguna persona, debemos preocuparnos mucho por cerrar el circuito de espera, lo que implica irnos de esa conexión.

La mente trata todo el tiempo de construir un relato creíble, donde la persona limerente es rescatada de su sufrimiento por ese gran amor, de modo, que la fantasía cumple una función de protección del vacío, de la soledad o tristeza, o de una realidad afectiva poco estimulante. Lo que pasa, es que quedarse mucho tiempo ahí, en esa prolongación de la fantasía, puede tener un coste para la autoestima de la persona, para el aumento de su ansiedad, para dificultar un cierre y su disposición para encontrar un amor de verdad, porque impide abrirse a vínculos reales.

Quizá no lo sepas, pero eres tú la única persona capaz de ponerle fin a esa historia inventada por tí misma en tu cabeza. Corta el guión de la peli, no te gusta, esperabas una historia de amor y se ha convertido en un drama al nivel de “Lo que el viento se llevó”.

Elige acciones y pensamientos que te ayuden a estar tranquila, y abandona la sala de espera.

Referencia
Tennov, D. (1979). Love and limerence: The experience of being in love. Stein and Day.

Inmaculada Asensio Fernández.

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