El `Moral Repair` es el camino para reconstruir la integridad profesional después de una crisis (Frederic G. Reamer)

La reparación moral, conocida en inglés como moral repair, es el proceso mediante el cual una persona, un equipo o una institución intenta restaurar la confianza, la integridad ética y el equilibrio emocional después de un error, una transgresión, una omisión importante o una situación de injusticia que ha producido daño.

En el ámbito de los servicios sociales, este concepto resulta especialmente importante porque las relaciones profesionales no se construyen únicamente sobre técnicas, protocolos o expedientes, sino también desde una base de confianza, cuidado, responsabilidad y presencia humana. Cuando esa confianza se rompe, como sucede análogamente en las relaciones entre personas humanas, ya sea por una decisión equivocada, por una actuación poco sensible, por el agotamiento profesional o por fallos del propio sistema, no podemos mirar hacia otro lado y continuar como si no hubiera pasado, pues estas situaciones nos acompañan siempre, nos minan, nos van transformando por dentro.

Frederic G. Reamer, uno de los referentes en ética profesional aplicada al ámbito profesional en el que se desenvuelve el trabajo social, y él plantea la reparación moral como un camino profundamente humano para afrontar esas situaciones en las que la persona profesional siente que ha fallado, que no ha podido actuar de acuerdo con sus valores o que ha participado, incluso sin quererlo, en una experiencia que ha dañado a otra persona.

Esta vivencia suele relacionarse con la lesión moral, o moral injury como él la llama, y que no es simplemente cansancio, estrés o sobrecarga laboral, sino una herida íntima en la propia brújula ética que llevamos cada una de las personas profesionales en nuestro interior. Aparece cuando sentimos que hemos traicionado aquello que sostiene nuestra identidad profesional, como el compromiso con el cuidado, la justicia, la dignidad y el acompañamiento respetuoso.

La reparación moral como proceso interno y externo

La reparación moral no consiste en sentirse mejor de manera rápida ni en aplicar una solución superficial de autocuidado, aunque descansar, desahogarnos, recibir apoyo y recuperar fuerzas también pueda ser necesario. Pero para este autor (Reamer) su sentido es más profundo, porque implica mirar de frente lo ocurrido, reconocer el daño, asumir la responsabilidad que corresponde y buscar formas reales de reparación.

Este proceso toma una dimensión interna, relacionada con el trabajo que la persona profesional necesita hacer consigo misma para procesar la culpa, la vergüenza, la frustración o el dolor que aparecen cuando siente que no pudo ayudar como deseaba, cuando cometió un error o cuando actuó bajo condiciones de agotamiento, presión o trauma secundario.

También tiene una dimensión externa, orientada a reconstruir la confianza con la persona atendida, con el equipo, con la institución o con la comunidad cuando la relación se ha visto afectada. Exige, por tanto, preguntarse qué necesita la otra parte, qué daño se produjo, qué responsabilidad corresponde asumir y qué acciones concretas podrían contribuir a reparar, aunque sea parcialmente, aquello que se rompió.

La disculpa ética como puente hacia la reparación

Dentro de este proceso, algo tan sencillo como la disculpa ocupa un lugar central, y esto choca frontalmente con la idea de que pedir perdón es peligroso porque puede interpretarse como la asunción directa de una culpa y abrir la puerta a reclamaciones o demandas. Sin embargo, desde la mirada ética madura de Frederic G. Reamer, en la disculpa auténtica (digamos de corazón) no se puede producir un debilitamiento de la práctica profesional, sino que puede convertirse en una herramienta de reconocimiento, reparación y prevención de conflictos mayores cuando se realiza con honestidad, claridad y responsabilidad.

Pedir perdón de manera ética no significa humillarse ni asumir culpas que no corresponden, sino reconocer que algo salió mal, aceptar la parte de responsabilidad que corresponde y abrir una conversación orientada a reparar el daño producido.

Una disculpa verdaderamente reparadora necesita reconocer el daño de forma explícita, expresar un remordimiento genuino, explicar el contexto sin convertirlo en excusa y ofrecer alguna forma concreta de reparación. Por eso no es lo mismo decir “siento si te sentiste mal”, una frase que desplaza la responsabilidad hacia la vivencia de la otra persona, que decir “lamento mucho haber actuado de esta manera y reconozco que mi actuación te ha causado daño”, una formulación mucho más clara, honesta y respetuosa. Pero claro, hay que tener fuerza, seguridad y valor personal para reconocer todo esto, digamos que hablamos de un profesional avanzado moralmente.

Trauma secundario, desgaste profesional y crisis ética

La reparación moral resulta especialmente importante cuando hablamos de trauma secundario, trauma vicario o desgaste profesional, ya que quienes acompañan de manera constante historias de sufrimiento intenso pueden terminar absorbiendo parte de ese impacto emocional hasta ver afectada su capacidad de empatía, concentración, presencia y toma de decisiones.

Una persona profesional agotada o emocionalmente desbordada puede empezar a cometer errores, llegar tarde, olvidar llamadas importantes, responder con frialdad, distanciarse de las personas atendidas o tomar decisiones poco cuidadosas, no necesariamente porque haya dejado de importarle su trabajo, sino porque también está funcionando desde una herida que no ha sido atendida.

Cuando esa persona toma conciencia de que ha fallado, puede aparecer una crisis ética muy dolorosa, marcada por la sensación de haber traicionado los valores que la llevaron a elegir una profesión de ayuda, como por ejemplo el Trabajo Social. Esa experiencia puede generar vergüenza, aislamiento, miedo, culpa e incluso deseos de abandonar el ejercicio profesional.

En estos casos, debería existir algún tipo de recursos institucional para abordar este sufrimiento, algo así como círculos de cuidados entre compañeros y compañeras, o espacios de cuidado profesional plenamente integrados en la dinámica de funcionamiento de los centros de servicios sociales. Muchas veces el error profesional no surge en el vacío, las personas profesionales también son humanas y también tienen vidas, a veces con crisis personales importantes y que afrontan sin tomar una baja médica, simplemente yendo a trabajar cada día. Además, también debemos reconocer que los errores se dan dentro de organizaciones saturadas, con equipos insuficientes, escasa supervisión profesional en muchas ocasiones, y con alta exposición al sufrimiento, así como una cultura laboral que normaliza sostenerlo todo hasta romperse.

Una institución verdaderamente ética no se limita a preguntar quién cometió el error, sino que también se atreve a preguntarse qué condiciones hicieron posible que ese error ocurriera, qué apoyos faltaron, qué señales de agotamiento fueron ignoradas y qué cambios deben implementarse para proteger tanto a las personas atendidas como a quienes las acompañan.

Reparar no significa borrar el daño

La reparación moral no borra lo ocurrido, no obliga a la persona dañada a perdonar y tampoco convierte el error en algo menor, pero sí abre un camino distinto al silencio, la defensa automática, la negación o la culpa paralizante.

En el fondo, este concepto nos recuerda que la ética profesional no se despliega por sí sola con la ayuda de los códigos éticos, ni los protocolos o declaraciones institucionales, sino en la manera en que respondemos cuando algo se daña, cuando nos equivocamos, cuando no llegamos a tiempo o cuando descubrimos que nuestra actuación tuvo consecuencias dolorosas para otra persona, como sucedió en Garrucha con el presunto asesinato de Lucca, un menor de 4 añoscuya intervención ya estaba en servicios sociales.

Para Frederic G. Reamer, la reparación moral es una vía para reconstruir la integridad profesional después de una crisis, mientras que la disculpa ética funciona como un puente verbal y humano que permite reconocer el daño, restaurar la confianza cuando sea posible y transformar la culpa en una acción responsable, y no machacante y alienante para el profesional.

Los seres humanos somos imperfectos, de manera que no podemos aspirar a una perfección que nos coloque en una posición imposible, pero sí podemos cultivar la humildad, la conciencia ética y la valentía necesarias para tratar de reparar de algún modo una situación que (sin querer) hemos provocado.

Este texto sintetiza las aportaciones teóricas y el análisis ético de Frederic G. Reamer, basándose principalmente en su libro Moral Distress and Injury in Human Services: Cases, Causes, and Strategies for Prevention (NASW Press, 2020), así como en sus reconocidos artículos académicos y columnas especializadas «Eye on Ethics» de la publicación Social Work Today, donde aborda la intersección entre el trauma vicario, el deterioro profesional, la responsabilidad institucional y la justicia restaurativa.

Por Inmaculada Asensio Fernández.

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