Odiar a los demás sale caro

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Odiar a otra persona es como tomar un bote de veneno tú, y esperar a que muera el otro.

Así es el rencor, corrosivo y verdaderamente dañino para nuestras emociones y para nuestra salud física, pues no sólo perjudica nuestro estado emocional, sino que se traslada a nuestros órganos internos y nos limita los años de vida.

No parece rentable ni útil odiar a otras personas, por más grande que sea nuestra afrenta. No nos otorga poder sobre otros ni nos devuelve la dignidad herida. El odio en sí nos perjudica gravemente y hay que saber gestionar sus efectos para buscar vías de escape a todo el dolor que puede provocarnos, perdonando al otro.

Perdonar no significa que el otro no ha hecho nada, o que está absuelto o libre de responsabilidad… NO. Perdonar significa soltar la necesidad de resarcirnos, soltar la necesidad de que el otro cambie y reconozca todos los errores que ha cometido y que nos han causado daños.

Un artículo de El País Semanal abordó el tema del resentimiento alertando de sus nefastas consecuencias para la vida de las personas, y en concreto señaló que “Fred Luskin, director del departamento de estudios relacionados con el perdón de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, aconseja que es bueno olvidarse de las expectativas sobre cómo deben actuar los demás para que ese laberinto del rencor se desplome por sí solo“.

Por otro lado, el Dr. Everett Worthington ha demostrado científicamente que el rencor nos quita años de vida. Odiar nos predispone al riesgo de infarto y debilita el sistema inmune, ¿merece la pena?

Él habla de dos tipos de perdón: el racional, que se basa más en una decisión personal que en una comprensión amplia de lo sucedido; y el perdón emocional, que implica cambiar las emociones hacia la otra persona y comprender sus motivaciones. El segundo es el que, de verdad, sana a una persona, aunque no debemos desdeñar ni uno ni otro. A veces –de hecho- es la decisión la que da paso a la comprensión.

Inmaculada Asensio Fernández

Acerca de inmaculadasol

Mi nombre es Inmaculada Asensio Fernández. Soy trabajadora social por la Universidad de Granada, con finalización de estudios en la Universidad de Brighton, Inglaterra. Mediadora familiar y máster en comunicación social. Desde el mes de marzo de 2018 soy directora de la Estrategia de Ética de los Servicios Sociales de Andalucía y vocal del Comité de Bioética de Andalucía, tarea que desarrollo desde mi puesto como trabajadora social en el área de salud mental de la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia de Andalucía. Activa bloguera, (miembro de la Blogotsfera), comparto artículos y reflexiones sobre el trabajo social y recursos personales para avanzar. Cuento con diferentes publicaciones académicas relacionadas con mi profesión y con mi ámbito de investigación (capítulos de libro, artículos, posters y manuales sobre trabajo social). Profesora para el Instituto Andaluz de Administraciones Públicas, colaboradora de la Escuela Andaluza de Salud Pública, Universidad de Almería, Colegios de Trabajo Social y Asociaciones, entre otros. En la actualidad realizando la TESIS DOCTORAL en materia de ética aplicada a la intervención social, bajo la dirección de Dña. Rocío López San Luis y Dña. María Jesús Uríz Pemán; y bajo la tutoría de D. Juan Sebastián Fernández Prados. Mi curriculum completo: https://goo.gl/rKxyd1
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